5 de julio de 2026

Reflexión del Pastor David Decena: «Cuando llega el caos»

Reflexión del Pastor David Decena: «Cuando llega el caos»

Mueblería HyG

El Pas­tor David Dece­na expresó que cuan­do Jesús dijo que en el mun­do encon­traremos aflic­ción se refer­ía a esto. Y aunque es ver­dad que todos los hijos de Dios ten­dremos que atrav­es­ar prob­le­mas, tam­bién es ver­dad que nosotros no atrav­es­amos el caos como el mun­do lo hace; debe­mos apren­der a con­fi­ar en la vic­to­ria de Cristo.

“Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mun­do afrontarán aflic­ciones, pero ¡aní­mense! Yo he ven­ci­do al mun­do” (Juan 16:33).

La pal­abra no ocul­ta es que todos atrav­es­are­mos prob­le­mas en el mun­do. Muchas veces los prob­le­mas son con­se­cuen­cia de nues­tras deci­siones, pero en otras opor­tu­nidades el caos que nos abor­da en la vida es inevitable. ¿Cómo se expli­ca esto? Porque esta­mos en un mun­do caí­do. Un mun­do que solo será en plen­i­tud red­imi­do el día que nue­stro Señor Jesús regrese para juz­gar a los vivos y a los muer­tos. Mien­tras tan­to, podemos apren­der cues­tiones impor­tantes acer­ca del caos en nues­tra vida.

En este mar­co, el Pas­tor David Dece­na men­cionó algunos pun­tos:

1. Los prob­le­mas no son ajenos a los hijos de Dios.

Los prob­le­mas no excluyen a los hijos de Dios. Cuan­do Jesús dijo que en el mun­do encon­traremos aflic­ción se refer­ía a esto. Y aunque es ver­dad que todos los hijos de Dios ten­dremos que atrav­es­ar prob­le­mas, tam­bién es ver­dad que nosotros no atrav­es­amos el caos como el mun­do lo hace; debe­mos apren­der a con­fi­ar en la vic­to­ria de Cristo. El áni­mo que encon­tramos en la vic­to­ria de Cristo Jesús es lo que nos dis­tingue. Ese áni­mo viene por la fe en lo que Él ya logró en la cruz del cal­vario. Pero si no abrazamos esta rev­elación, y no nos preparamos para el caos, el ene­mi­go quer­rá aprovechar la ocasión.

2. Toda situación difí­cil nos deman­da una respues­ta.

“Por lo tan­to, pón­ganse toda la armadu­ra de Dios, para que cuan­do llegue el día malo puedan resi­s­tir has­ta el fin con firmeza” (Efe­sios 6:13).

La pre­gun­ta acá no es si el prob­le­ma va a lle­gar, sino cómo nos encon­trará cuan­do llegué. No se tra­ta de ser neg­a­tivos, pero el mis­mo após­tol Pablo advir­tió sobre la impor­tan­cia de estar lis­tos para el día malo. En los buenos tiem­pos, nos ponemos la “armadu­ra de Dios” para que el día malo nos encuen­tre bien para­dos. Hay per­sonas que recién se acuer­dan de Dios cuan­do el prob­le­ma lle­ga, y esto es un prob­le­ma en sí mis­mo, porque toda difi­cul­tad expone nues­tra real­i­dad inte­ri­or. A veces ni siquiera somos con­scientes de lo que ten­emos den­tro, has­ta que el prob­le­ma lo expone.

Pero podemos ten­er certeza de que la vida espir­i­tu­al que cul­tive­mos en los buenos tiem­pos será fun­da­men­tal para sosten­er­nos en los mal­os tiem­pos. Cuan­do solo nos acor­damos de Dios en la difi­cul­tad, nues­tra fe clau­di­cará en el día del caos.

¿Qué respues­ta dare­mos al prob­le­ma cuan­do llegué? Una per­sona que fue proce­sa­da por Dios, conoce la nat­u­raleza del Padre, y siem­pre respon­derá des­de un lugar de fe y con­fi­an­za. En cam­bio, alguien que no se dejó proce­sar por Dios, encara la difi­cul­tad con incredul­i­dad y desan­i­mo.

3. Todo lo que nos pasa nos ayu­da para bien.

“Aho­ra bien, sabe­mos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido lla­ma­dos de acuer­do con su propósi­to” (Romanos 8:28).

¡No nos deje­mos engañar por el ene­mi­go! Ante un prob­le­ma, Satanás ve una opor­tu­nidad para hundirnos. Es su deseo más grande: robar, matar y destru­ir. Pero Dios ve una opor­tu­nidad de que seamos trans­for­ma­dos con­forme a la ima­gen de Cristo, y, al ser proce­sa­dos, podamos encam­i­narnos a cumplir nue­stro propósi­to. Que “todo” ayude para bien, sig­nifi­ca que nada está exclu­i­do.

Aún lo peor que nos pasa será uti­liza­do por Dios para sacar de nosotros algo mejor. Dios no es quien orig­i­na el mal, pero sí el que sabe aprovechar­lo para nue­stro ben­efi­cio. Esa pequeña difer­en­cia, nos per­mite atrav­es­ar el dolor des­de la vic­to­ria, cuan­do otros lo atraviesan des­de la amar­gu­ra.

Hay cosas que están obran­do para nue­stro bien que aún no sabe­mos, y otras de las que podemos estar al tan­to para saber aprovechar el dolor y cre­cer. Aun a través de los pro­ce­sos, Dios obra hacien­do cosas bue­nas que nos ayu­darán a cre­cer en la vida espir­i­tu­al.

• El crec­imien­to de nues­tra fe.

“«…Pero el jus­to vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agra­do». Pero nosotros no somos de los que se vuel­ven atrás y aca­ban por perder­se, sino de los que tienen fe y preser­van su vida.” (Hebre­os 10:38–39)

• La trans­for­ma­ción de nue­stro carác­ter.

“Jesús endure­ció el ros­tro como el ped­er­nal” (Isaías 50:6–7).

• Cre­cer en la dis­ci­plina.

“(…) nos rego­ci­jamos en la esper­an­za de alcan­zar la glo­ria de Dios. Y (…) en nue­stros sufrim­ien­tos, porque sabe­mos que el sufrim­ien­to pro­duce per­se­ver­an­cia; la per­se­ver­an­cia, entereza de carác­ter; la entereza de carác­ter, esper­an­za. (…) porque Dios ha der­ra­ma­do su amor en nue­stro corazón por el Espíritu San­to que nos ha dado” (Romanos 5:2–5).

• Apren­der de Jesús: humil­dad, depen­den­cia, entre­ga y des­can­so.

“»Ven­gan a mí todos ust­edes que están cansa­dos y ago­b­i­a­dos; yo les daré des­can­so. (…) y encon­trarán des­can­so para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi car­ga es liviana»” (Mateo 11:28–30).

4. Todo me ayu­da para bien, pero no voy a dejar de luchar en fe has­ta ver el mila­gro.

“Tus prome­sas han super­a­do muchas prue­bas, por eso tu sier­vo las ama” (Salmo 119:140).

Que todo nos ayude para bien no es una excusa para aco­modarnos, sino una moti­vación para mov­i­lizarnos. La fe nos fue dada para sosten­er nues­tra sal­vación en este mun­do caí­do. Si encon­tramos excusas espir­i­tuales para no con­tender en la fe, esta­mos dan­do lugar a la incredul­i­dad de man­era incon­sciente.

Pero las prome­sas de Dios son un arma para luchar en la fe; si ten­emos una cir­cun­stan­cia en la que esta­mos sien­do proce­sa­dos, las prome­sas del Señor nos son dadas para luchar, con­ten­di­en­do por ver la irrup­ción de Dios. Lo que no veamos en nues­tra real­i­dad, estará for­jan­do un ben­efi­cio que pron­to des­cubrire­mos (en la real­i­dad pre­sente o en la eternidad).

Del prob­le­ma que atrav­es­e­mos, si ten­emos la acti­tud cor­rec­ta para con Dios, deján­donos inspi­rar por el ejem­p­lo de Cristo, ter­minare­mos cre­cien­do en vic­to­ria. Y el pro­ce­so que ter­minemos hoy, nos lle­vará a un niv­el de madurez espir­i­tu­al, que nos per­mi­tirá enfrentar cosas may­ores. Al finalizar, ser­e­mos lo que el após­tol Pedro describió a los nuevos dis­cípu­los: creyentes “fuertes, firmes y esta­bles”.

“Luego de que ust­edes hayan sufri­do un poco de tiem­po, Dios mis­mo (…) los restau­rará y los hará fuertes, firmes y esta­bles” (1 Pedro 5:10).

Que Dios te bendi­ga, te guarde de todo mal y ten­gas una sem­ana de com­ple­ta vic­to­ria!

Pas­tor David Dece­na

Vic­to­ry Church

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