El Pastor David Decena expresó que cuando Jesús dijo que en el mundo encontraremos aflicción se refería a esto. Y aunque es verdad que todos los hijos de Dios tendremos que atravesar problemas, también es verdad que nosotros no atravesamos el caos como el mundo lo hace; debemos aprender a confiar en la victoria de Cristo.
“Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).
La palabra no oculta es que todos atravesaremos problemas en el mundo. Muchas veces los problemas son consecuencia de nuestras decisiones, pero en otras oportunidades el caos que nos aborda en la vida es inevitable. ¿Cómo se explica esto? Porque estamos en un mundo caído. Un mundo que solo será en plenitud redimido el día que nuestro Señor Jesús regrese para juzgar a los vivos y a los muertos. Mientras tanto, podemos aprender cuestiones importantes acerca del caos en nuestra vida.
En este marco, el Pastor David Decena mencionó algunos puntos:
1. Los problemas no son ajenos a los hijos de Dios.
Los problemas no excluyen a los hijos de Dios. Cuando Jesús dijo que en el mundo encontraremos aflicción se refería a esto. Y aunque es verdad que todos los hijos de Dios tendremos que atravesar problemas, también es verdad que nosotros no atravesamos el caos como el mundo lo hace; debemos aprender a confiar en la victoria de Cristo. El ánimo que encontramos en la victoria de Cristo Jesús es lo que nos distingue. Ese ánimo viene por la fe en lo que Él ya logró en la cruz del calvario. Pero si no abrazamos esta revelación, y no nos preparamos para el caos, el enemigo querrá aprovechar la ocasión.
2. Toda situación difícil nos demanda una respuesta.
“Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza” (Efesios 6:13).
La pregunta acá no es si el problema va a llegar, sino cómo nos encontrará cuando llegué. No se trata de ser negativos, pero el mismo apóstol Pablo advirtió sobre la importancia de estar listos para el día malo. En los buenos tiempos, nos ponemos la “armadura de Dios” para que el día malo nos encuentre bien parados. Hay personas que recién se acuerdan de Dios cuando el problema llega, y esto es un problema en sí mismo, porque toda dificultad expone nuestra realidad interior. A veces ni siquiera somos conscientes de lo que tenemos dentro, hasta que el problema lo expone.
Pero podemos tener certeza de que la vida espiritual que cultivemos en los buenos tiempos será fundamental para sostenernos en los malos tiempos. Cuando solo nos acordamos de Dios en la dificultad, nuestra fe claudicará en el día del caos.
¿Qué respuesta daremos al problema cuando llegué? Una persona que fue procesada por Dios, conoce la naturaleza del Padre, y siempre responderá desde un lugar de fe y confianza. En cambio, alguien que no se dejó procesar por Dios, encara la dificultad con incredulidad y desanimo.
3. Todo lo que nos pasa nos ayuda para bien.
“Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito” (Romanos 8:28).
¡No nos dejemos engañar por el enemigo! Ante un problema, Satanás ve una oportunidad para hundirnos. Es su deseo más grande: robar, matar y destruir. Pero Dios ve una oportunidad de que seamos transformados conforme a la imagen de Cristo, y, al ser procesados, podamos encaminarnos a cumplir nuestro propósito. Que “todo” ayude para bien, significa que nada está excluido.
Aún lo peor que nos pasa será utilizado por Dios para sacar de nosotros algo mejor. Dios no es quien origina el mal, pero sí el que sabe aprovecharlo para nuestro beneficio. Esa pequeña diferencia, nos permite atravesar el dolor desde la victoria, cuando otros lo atraviesan desde la amargura.
Hay cosas que están obrando para nuestro bien que aún no sabemos, y otras de las que podemos estar al tanto para saber aprovechar el dolor y crecer. Aun a través de los procesos, Dios obra haciendo cosas buenas que nos ayudarán a crecer en la vida espiritual.
• El crecimiento de nuestra fe.
“«…Pero el justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado». Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida.” (Hebreos 10:38–39)
• La transformación de nuestro carácter.
“Jesús endureció el rostro como el pedernal” (Isaías 50:6–7).
• Crecer en la disciplina.
“(…) nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y (…) en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. (…) porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado” (Romanos 5:2–5).
• Aprender de Jesús: humildad, dependencia, entrega y descanso.
“»Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados; yo les daré descanso. (…) y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana»” (Mateo 11:28–30).
4. Todo me ayuda para bien, pero no voy a dejar de luchar en fe hasta ver el milagro.
“Tus promesas han superado muchas pruebas, por eso tu siervo las ama” (Salmo 119:140).
Que todo nos ayude para bien no es una excusa para acomodarnos, sino una motivación para movilizarnos. La fe nos fue dada para sostener nuestra salvación en este mundo caído. Si encontramos excusas espirituales para no contender en la fe, estamos dando lugar a la incredulidad de manera inconsciente.
Pero las promesas de Dios son un arma para luchar en la fe; si tenemos una circunstancia en la que estamos siendo procesados, las promesas del Señor nos son dadas para luchar, contendiendo por ver la irrupción de Dios. Lo que no veamos en nuestra realidad, estará forjando un beneficio que pronto descubriremos (en la realidad presente o en la eternidad).
Del problema que atravesemos, si tenemos la actitud correcta para con Dios, dejándonos inspirar por el ejemplo de Cristo, terminaremos creciendo en victoria. Y el proceso que terminemos hoy, nos llevará a un nivel de madurez espiritual, que nos permitirá enfrentar cosas mayores. Al finalizar, seremos lo que el apóstol Pedro describió a los nuevos discípulos: creyentes “fuertes, firmes y estables”.
“Luego de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo (…) los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables” (1 Pedro 5:10).
Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!
Pastor David Decena
Victory Church





