El Apóstol Guillermo Decena expresó que la guerra de la luz y las tinieblas se reduce a una guerra de verdades y mentiras. El maligno busca tu enfoque, pensamientos, ilusiones, emociones, identidad; la lucha está en la mente, por eso debemos ser astutos y sabemos discernir todo pensamiento.
“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).
¿Cómo podemos conocer la verdad? Con el recurso maravilloso que Dios nos ha dado: el Espíritu Santo. Por esto necesitamos estar llenos del Espíritu Santo y Él nos alumbrará para conocer los engaños, sutilezas y asechanzas malignas.
La sutileza de los ataques diabólicos es tan engañosa que muchos cristianos ni se dan cuenta. Es un juego mental que ataca los pensamientos, porque allí se generan todos tus movimientos y decisiones. El maligno actúa contra tu mente porque si te engaña entonces te roba la paz, te roba la felicidad, te saca la alegría y el entusiasmo para seguir adelante.
«Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. (…) no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis» (Juan 8:44–45).
La guerra de la luz y las tinieblas se reduce a una guerra de verdades y mentiras. El maligno busca tu enfoque, pensamientos, ilusiones, emociones, identidad; la lucha está en la mente, por eso debemos ser astutos y saber discernir todo pensamiento.
En este marco, el Apóstol Guillermo Decena detalló algunos puntos:
I. MEMORIA FORMIDABLE PERO SELECTIVA.
Hay una serie de ataques malignos a la mente, tendientes a que tengas una memoria formidable que se niega a olvidar acontecimientos dolorosos que ofendieron tu vida.
“Más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:15).
El maligno tiene capacidad para hacer recordar ofensas a las personas que se niegan a olvidar. Por esto debemos ver al perdón como un mandamiento fundamental que nos obliga a obedecer para tener verdadera comunión con el Altísimo.
“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32).
La falta de perdón al prójimo o rencor es una estrategia maligna para que no seas libre. Jesús habla de que aquel que se niega a perdonar es sometido por los verdugos. Esta enseñanza en cuanto al perdón demuestra que la persona quiere recibir el perdón, pero no le gusta perdonar. Las consecuencias de esto son graves, porque para Dios es inadmisible que, habiéndonos perdonado una deuda millonaria impagable, no seamos capaces de perdonarnos entre nosotros, personas exactamente igual de imperfectas e igual de pecadoras, deudas insignificantes.
Por esto, el maligno nos trata de convencer que no olvidemos la ofensa y que, por lo tanto, la otra persona no merece ser perdonada. Y el final estado es una vida espiritual a la deriva.
II. LA ANSIEDAD.
Jesús decía que las preocupaciones de la vida, actúan como espinos que ahogan la semilla de la palabra de Dios, impidiendo que fructifique en el corazón, y esto nos lleva a perder algo maravilloso: la paz.
Debemos orar, confiar y esperar pacientes en Dios, y no dar lugar al ataque del enemigo, quien también puede convencerte de que la demora que Dios tiene para contestar tus oraciones es una negación a tu pedido.
“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).
La Biblia aborda la ansiedad como una preocupación, angustia o desasosiego que nos distrae de la confianza en Dios, animando a depositarla en Él mediante la oración, la gratitud y la fe. Nos enseña a no afanarse por el futuro, enfocándose en el presente y confiando en la provisión divina en el futuro.
El origen de la ansiedad puede estar en el afán de controlar el tiempo o en el orgullo de dominar, olvidando depender de Dios. No te preocupes demasiado por el tiempo, enfócate en Dios para tener victoria.
“Aunque la visión tardará aún por un tiempo, más se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará. He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá” (Habacuc 2:3–4).
Esta fe es fidelidad en el tiempo, esperando lo mejor de Dios.
III. LA TENTACIÓN DEL AISLAMIENTO.
“Mejores son dos que uno; (…) Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante” (Eclesiastés 4:9–10).
El reunirnos con personas de fe y sabiduría nos fortalece frente al enemigo, el buscar consejo frente a la adversidad nos lleva a la victoria, el pensar que podremos solos es un engaño del maligno, y el aislarnos nos expone al desastre espiritual.
Rechacemos la tentación de encerrarnos en nosotros mismos. Busquemos personas en las cuales confiar y que nos pueden ayudar de parte de Dios. Sin dudas uno de los ataques mentales que la persona puede sufrir es la tentación de aislarse. Esto puede estar originado en las heridas interiores del rechazo y, por lo tanto, ser un mecanismo de auto defensa.
El aislamiento es peligroso porque afirma el egoísmo, la vulnerabilidad a la tentación y el estancamiento espiritual, también evitará la sanidad profunda del alma. Lamentablemente la persona que elige aislarse se fortalece en sus heridas interiores.
La vida cristiana está diseñada para vivirse en comunidad, no en solitario. El trabajo en equipo nos lleva a la victoria. Aislarse del «Cuerpo de Cristo» hará que perdamos el apoyo, la corrección y el estímulo mutuo, y nos lleve a pensar que somos autosuficientes, que no necesitamos de nadie. El aislamiento es un lugar donde el pecado prospera, debilitando la fe y dificultando escuchar la voz de Dios.
En resumen, el aislamiento puede resultar en una vida espiritualmente enferma, que nunca puede llegar a cumplir el llamado de poder amar al prójimo como Dios enfáticamente nos manda.
La Biblia promueve la unidad y el apoyo mutuo entre creyentes.
“¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. (…) la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. (…) orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho» (Santiago 5:13–16).
Que Dios te guíe y te bendiga, que te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!
Apóstol Guillermo Decena
Victory Church





