El Apóstol Guillermo Decena en su reflexión, habló de la vanagloria de la vida y cómo nada de este mundo puede compararse con la plenitud que encontramos en Cristo. Hizo hincapié en la importancia de cuidar lo que vemos, reconociendo la conexión que existe entre nuestros ojos y el mundo espiritual. Y por último desafió a discernir nuestros deseos, sabiendo que no todo lo que sentimos proviene de Dios.
«Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios» (Juan 3:19–21).
La Biblia describe de esta forma la condenación humana: Jesús (la luz) vino al mundo, pero la humanidad prefirió la oscuridad (la mentira) porque sus acciones eran malas. La luz representa la verdad divina frente al pecado, donde las personas evitan la verdad y la luz de la Palabra para no exponer sus malas acciones.
No es solo el pecado, sino el rechazo consciente de la luz. Quien hace lo malo, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no sean reprendidas. Quien practica la verdad viene a la luz para demostrar que sus obras están hechas en Dios.
El enemigo quiere traer tinieblas, querrá mentir pues es el padre de la mentira y quiere traer oscuridad a la mente, además tratará de desvirtuar la Palabra de Dios porque la Biblia es la verdad, y la buena noticia de la salvación de Cristo es luz brillante.
Jesús dice: «Yo soy la luz del mundo» (Juan 8:12), y Satanás tiene que usar todas las estrategias posibles para impedir que la gente vea su gloria. Jesús dice: «Satanás es mentiroso y padre de la mentira» (Juan 8:44). Todas las mentiras, tienen su origen en él.
En este marco, el Apóstol Guillermo Decena expresó «les invito a meditar en tres estrategias engañosas que muchas veces pasan desapercibidas para la mayoría de la gente, basadas en el siguiente pasaje»: «Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre» (1 Juan 2:16- 17).
1. Vanagloria de la vida
«Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar» (1 Timoteo 6:6–7).
La vanagloria es la falta de contentamiento con lo que tienes ahora. La persona siente disconformidad por lo que ha logrado y por una presión materialista de la sociedad que te hace sentir que siempre te falta algo en cuanto a la moda pasajera.
La palabra misma lo dice, es una gloria vana, sin sentido real, sin importancia espiritual, y que muchas veces se transforma en una preocupación que quita la alegría y la paz.
Hay que tener cuidado cuando se persigue la superación, porque sin amor a Dios ni al prójimo, se puede transformar en una espiral de soberbia y orgullo que termina en destrucción.
La vanagloria se asocia con la soberbia y el orgullo humano que el apóstol Juan insta a evitar. Difícilmente podría haber una descripción mejor que nuestra cultura actual.
«Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?» (Mateo 6:25–26).
2. Deseos de los ojos.
Deberíamos observar las cosas con sabiduría. Es tan importante lo que vemos, porque tienen una conexión profundamente espiritual. Recordemos que Dios le manda a Abraham a salir de su tienda y mirar a los millares de estrellas del cielo, para que mirando pudiera creer la promesa que su descendencia sería igual.
Pero como todo lo espiritual, la visión puede ser usada para el mal, y para perjudicar el ser interior de la persona.
«sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió, así como ella» (Génesis 3:5–6).
¿El maligno puede generar deseos? Claro que sí. ¿Puede influenciar los ojos? Estoy seguro que sí. Es por esto que debemos cuidar como vemos y consagrar nuestros ojos al Señor.
Así sucedió desde el principio. Los deseos de lo prohibido comenzaron con la visión y fue el principio de la maldición. Satanás utilizó una imagen visual para atrapar a Eva. Usó una táctica similar con Jesús. Una de sus tentaciones en el desierto fue intentar que Jesús codiciara el poder terrenal de las naciones, apelando a lo visual: «le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos» (Mateo 4:8). Luego le prometió dárselos, a cambio de algo. Por supuesto, Jesús no cedió ante los deseos de los ojos, y Satanás fue derrotado.
3. Los deseos de la carne.
«sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne» (Romanos 13:14).
Otra de las estrategias para engañar a la persona son los deseos de la carne. No solo los puede generar el demonio, sino que le hace pensar al creyente que si no fuera de Dios, no sentiría eso, que todo lo que siente viene de Dios. Esto definitivamente no es así.
La «carne” se refiere a los aspectos físicos y corporales de una persona, en contraposición al alma o espíritu. En las Escrituras, la carne se entiende normalmente como la sede del pecado y la rebelión contra Dios. O donde se generan los deseos de la pasión sexual. Es el ser interior emocional donde el demonio promueve deseos desordenados y muchas veces irrefrenables. ¿El demonio puede provocar deseos? Otra vez podemos decir: sí. Es por esto que el creyente espiritual es un cristiano que está atento y vigilante, porque quiere ser sabio.
La palabra «proveáis” se refiere a cuando generamos las condiciones necesarias o suministramos el ambiente necesario para que suceda lo malo. Es como si nuestros pensamientos reunieran las provisiones necesarias para avanzar y actuar según nuestros deseos lujuriosos. Así, «no proveáis para los deseos de la carne» podría traducirse «no se preocupen por satisfacer los deseos de la carne» (NVI).
El dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios (2 Corintios 4:4).
Hay una obra particular de Satanás, al que se hace referencia como «el dios de este mundo» en el versículo, para cegar las mentes humanas.
Satanás siempre hace esto, y la razón es que la buena noticia de la gloria de Cristo es como una luz brillante. Jesús dice: «Yo soy la luz del mundo» (Juan 8:12), y Satanás tiene que usar todas las estrategias posibles para impedir que la gente vea su gloria.
Dios te ha llamado para que estés avisado de la raíz de la maldición, de la raíz del engaño y para que te mantengas en la luz de Cristo. Aférrate a Jesús, pues Él y sólo Él es la luz de tu vida.
Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!
Apóstol Guillermo Decena
Victory Church





