11 de mayo de 2026

Reflexión del Apóstol Guillermo Decena: «Tres estrategias del engañador»

Reflexión del Apóstol Guillermo Decena: «Tres estrategias del engañador»

Mueblería HyG

El Após­tol Guiller­mo Dece­na en su reflex­ión, habló de la vana­glo­ria de la vida y cómo nada de este mun­do puede com­para­rse con la plen­i­tud que encon­tramos en Cristo. Hizo hin­capié en la impor­tan­cia de cuidar lo que vemos, recono­cien­do la conex­ión que existe entre nue­stros ojos y el mun­do espir­i­tu­al. Y por últi­mo desafió a dis­cernir nue­stros deseos, sabi­en­do que no todo lo que sen­ti­mos proviene de Dios.

«Y esta es la con­de­nación: que la luz vino al mun­do, y los hom­bres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, abor­rece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean repren­di­das. Mas el que prac­ti­ca la ver­dad viene a la luz, para que sea man­i­fiesto que sus obras son hechas en Dios» (Juan 3:19–21).

La Bib­lia describe de esta for­ma la con­de­nación humana: Jesús (la luz) vino al mun­do, pero la humanidad pre­fir­ió la oscuri­dad (la men­ti­ra) porque sus acciones eran malas. La luz rep­re­sen­ta la ver­dad div­ina frente al peca­do, donde las per­sonas evi­tan la ver­dad y la luz de la Pal­abra para no expon­er sus malas acciones.

No es solo el peca­do, sino el rec­ha­zo con­sciente de la luz. Quien hace lo malo, abor­rece la luz y no se acer­ca a ella, para que sus obras no sean repren­di­das. Quien prac­ti­ca la ver­dad viene a la luz para demostrar que sus obras están hechas en Dios.

El ene­mi­go quiere traer tinieblas, quer­rá men­tir pues es el padre de la men­ti­ra y quiere traer oscuri­dad a la mente, además tratará de desvir­tu­ar la Pal­abra de Dios porque la Bib­lia es la ver­dad, y la bue­na noti­cia de la sal­vación de Cristo es luz bril­lante.

Jesús dice: «Yo soy la luz del mun­do» (Juan 8:12), y Satanás tiene que usar todas las estrate­gias posi­bles para impedir que la gente vea su glo­ria. Jesús dice: «Satanás es men­tiroso y padre de la men­ti­ra» (Juan 8:44). Todas las men­ti­ras, tienen su ori­gen en él.

En este mar­co, el Após­tol Guiller­mo Dece­na expresó «les invi­to a med­i­tar en tres estrate­gias engañosas que muchas veces pasan desapercibidas para la may­oría de la gente, basadas en el sigu­iente pasaje»: «Porque todo lo que hay en el mun­do, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vana­glo­ria de la vida, no proviene del Padre, sino del mun­do. Y el mun­do pasa, y sus deseos; pero el que hace la vol­un­tad de Dios per­manece para siem­pre» (1 Juan 2:16- 17).

1. Vana­glo­ria de la vida

«Pero gran ganan­cia es la piedad acom­paña­da de con­tentamien­to; porque nada hemos traí­do a este mun­do, y sin duda nada podremos sacar» (1 Tim­o­teo 6:6–7).

La vana­glo­ria es la fal­ta de con­tentamien­to con lo que tienes aho­ra. La per­sona siente dis­con­formi­dad por lo que ha logra­do y por una pre­sión mate­ri­al­ista de la sociedad que te hace sen­tir que siem­pre te fal­ta algo en cuan­to a la moda pasajera.

La pal­abra mis­ma lo dice, es una glo­ria vana, sin sen­ti­do real, sin impor­tan­cia espir­i­tu­al, y que muchas veces se trans­for­ma en una pre­ocu­pación que qui­ta la ale­gría y la paz.

Hay que ten­er cuida­do cuan­do se per­sigue la superación, porque sin amor a Dios ni al próji­mo, se puede trans­for­mar en una espi­ral de sober­bia y orgul­lo que ter­mi­na en destruc­ción.

La vana­glo­ria se aso­cia con la sober­bia y el orgul­lo humano que el após­tol Juan ins­ta a evi­tar. Difí­cil­mente podría haber una descrip­ción mejor que nues­tra cul­tura actu­al.

«Por tan­to os digo: No os afanéis por vues­tra vida, qué habéis de com­er o qué habéis de beber; ni por vue­stro cuer­po, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el ali­men­to, y el cuer­po más que el vesti­do? Mirad las aves del cielo, que no siem­bran, ni sie­gan, ni reco­gen en graneros; y vue­stro Padre celes­tial las ali­men­ta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?» (Mateo 6:25–26).

2. Deseos de los ojos.

Deberíamos obser­var las cosas con sabiduría. Es tan impor­tante lo que vemos, porque tienen una conex­ión pro­fun­da­mente espir­i­tu­al. Recordemos que Dios le man­da a Abra­ham a salir de su tien­da y mirar a los mil­lares de estrel­las del cielo, para que miran­do pudiera creer la prome­sa que su descen­den­cia sería igual.

Pero como todo lo espir­i­tu­al, la visión puede ser usa­da para el mal, y para per­ju­dicar el ser inte­ri­or de la per­sona.

«sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abier­tos vue­stros ojos, y seréis como Dios, sabi­en­do el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para com­er, y que era agrad­able a los ojos, y árbol cod­i­cia­ble para alcan­zar la sabiduría; y tomó de su fru­to, y comió; y dio tam­bién a su mari­do, el cual comió, así como ella» (Géne­sis 3:5–6).

¿El malig­no puede gener­ar deseos? Claro que sí. ¿Puede influ­en­ciar los ojos? Estoy seguro que sí. Es por esto que debe­mos cuidar como vemos y con­sagrar nue­stros ojos al Señor.

Así sucedió des­de el prin­ci­pio. Los deseos de lo pro­hibido comen­zaron con la visión y fue el prin­ci­pio de la maldición. Satanás uti­lizó una ima­gen visu­al para atra­par a Eva. Usó una tác­ti­ca sim­i­lar con Jesús. Una de sus tenta­ciones en el desier­to fue inten­tar que Jesús cod­i­cia­ra el poder ter­re­nal de las naciones, apelando a lo visu­al: «le mostró todos los reinos del mun­do y la glo­ria de ellos» (Mateo 4:8). Luego le prometió dárse­los, a cam­bio de algo. Por supuesto, Jesús no cedió ante los deseos de los ojos, y Satanás fue der­ro­ta­do.

3. Los deseos de la carne.

«sino vestíos del Señor Jesu­cristo, y no proveáis para los deseos de la carne» (Romanos 13:14).

Otra de las estrate­gias para engañar a la per­sona son los deseos de la carne. No solo los puede gener­ar el demo­nio, sino que le hace pen­sar al creyente que si no fuera de Dios, no sen­tiría eso, que todo lo que siente viene de Dios. Esto defin­i­ti­va­mente no es así.

La «carne” se refiere a los aspec­tos físi­cos y cor­po­rales de una per­sona, en con­tra­posi­ción al alma o espíritu. En las Escrit­uras, la carne se entiende nor­mal­mente como la sede del peca­do y la rebe­lión con­tra Dios. O donde se gen­er­an los deseos de la pasión sex­u­al. Es el ser inte­ri­or emo­cional donde el demo­nio pro­mueve deseos des­or­de­na­dos y muchas veces irrefren­ables. ¿El demo­nio puede provo­car deseos? Otra vez podemos decir: sí. Es por esto que el creyente espir­i­tu­al es un cris­tiano que está aten­to y vig­i­lante, porque quiere ser sabio.

La pal­abra «proveáis” se refiere a cuan­do gen­er­amos las condi­ciones nece­sarias o sum­in­is­tramos el ambi­ente nece­sario para que suce­da lo malo. Es como si nue­stros pen­samien­tos reunier­an las pro­vi­siones nece­sarias para avan­zar y actu­ar según nue­stros deseos luju­riosos. Así, «no proveáis para los deseos de la carne» podría tra­ducirse «no se pre­ocu­pen por sat­is­fac­er los deseos de la carne» (NVI).

El dios de este mun­do ha cega­do el entendimien­to de los incré­du­los, para que no les res­p­lan­dez­ca la luz del evan­ge­lio de la glo­ria de Cristo, que es la ima­gen de Dios (2 Cor­in­tios 4:4).

Hay una obra par­tic­u­lar de Satanás, al que se hace ref­er­en­cia como «el dios de este mun­do» en el ver­sícu­lo, para cegar las mentes humanas.

Satanás siem­pre hace esto, y la razón es que la bue­na noti­cia de la glo­ria de Cristo es como una luz bril­lante. Jesús dice: «Yo soy la luz del mun­do» (Juan 8:12), y Satanás tiene que usar todas las estrate­gias posi­bles para impedir que la gente vea su glo­ria.

Dios te ha lla­ma­do para que estés avisa­do de la raíz de la maldición, de la raíz del engaño y para que te man­ten­gas en la luz de Cristo. Afér­rate a Jesús, pues Él y sólo Él es la luz de tu vida.

Que Dios te bendi­ga, te guarde de todo mal y ten­gas una sem­ana de com­ple­ta vic­to­ria!

Após­tol Guiller­mo Dece­na

Vic­to­ry Church

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