El Apóstol Guillermo Decena expresó que “cuando nosotros tenemos predisposición para hacer lo que debemos hacer, el Espíritu Santo de Dios hace su tarea en forma plena. Si ejercemos la tarea de rey, sacerdote y profeta, solo nos quedará observar la sorprendente obra de Dios”.
«Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable…» (1 Pedro 2:9–10).
Esta es una declaración maravillosa, porque dice claramente que antes no éramos tenidos en cuenta por Dios, pero por su bendito amor ¡entramos en su órbita! Ahora somos parte del maravilloso pueblo de Dios a través de la fe en Jesús el Salvador. Y es precisamente la operación del Espíritu Santo en nosotros, lo que nos capacita para un trabajo sobrenatural.
El Espíritu Santo nos coloca en tres posiciones privilegiadas e impulsándonos a hacer tres trabajos sobrenaturales. Esto es para todos los cristianos verdaderos y lo deberíamos realizar con responsabilidad y amor: REALEZA, o sea reinar espiritualmente. Segundo, ejercer un SACERDOCIO. Y tercero, habla del ministerio PROFÉTICO que tiene todo cristiano verdadero, pues debe anunciar de parte de Dios las virtudes de nuestro Padre para que la gente entregue su vida a Él.
En este marco, el Apóstol Guillermo Decena expresó que Jesús cumple estos tres roles y obviamente que lo hace para que lo imitemos.
– Jesús como profeta. Los profetas tenían la tarea de comunicar la Palabra de Dios a las personas. En el Antiguo Testamento, esto incluía proclamar la verdad de Dios a otros y revelar los planes de Dios para el futuro. Además, los profetas también realizaban milagros y sanidades, pues donde está el Espíritu Santo hay hechos sobrenaturales.
– Jesús como sacerdote. Los sacerdotes del Antiguo Testamento servían como mediadores entre Dios y los hombres. Ofrecían sacrificios en nombre del pueblo. Para nosotros, Jesús es nuestro mediador y nuestro sumo sacerdote: «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre» (1 Timoteo 2:5). (Hebreos 4–10) dice que Jesús es nuestro supremo Sumo Sacerdote y cómo Su sacerdocio es muy superior al sacerdocio levítico del Antiguo Testamento. «Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión… (Hebreos 4:14–16).
– Jesús como Rey. «será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin»(Lucas 1:32–33). El Hijo de David que vendría sería un gobernante del pueblo de Dios, y también sería su libertador. Los judíos del tiempo de Jesús interpretaron que las profecías hablaban de un rey político (Mateo 21:1–11). En cambio, Jesús venció al pecado y la muerte liberando a sus discípulos del invasor, del destructor, del que los robaba y encadenaba o sea venció a Satanás.
LOS CRISTIANOS EN CRISTO JESUS
Es formidable la dimensión que toma nuestra vida con la presencia del Espíritu Santo. Nos convertimos en personas poderosas y Él mismo lo adelantó: «Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1:8).
«¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor…» (Santiago 5:14–15). «Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados» (Santiago 5:15).
El ungimiento simboliza un cambio de “status” de un civil a rey, de un hombre común a un profeta. En el caso del leproso, el Espíritu Santo lo cambia de un hombre enfermo a un hombre limpio y sano de toda enfermedad. Como cristianos también fuimos ungidos, fuimos cambiados para siempre. Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas. (1 Juan 2:20). El cambio de estado, de ser enemigos a ser hijos de Dios.
El segundo aspecto es el del ungimiento para sanar a los enfermos, Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban. (Marcos 6:13). Entonces este cambio de “status” nos hace partícipes en la sanidad de los enfermos, declarando proféticamente como reyes y sacerdotes, el cambio en las personas por medio de la fe en Cristo y por medio de su poderoso nombre. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. (Santiago 5:15). Es por eso que la frase que ocupa es “salvará al enfermo” y es interesante notar como la salvación y la sanación están unidas cuando no solo habla de levantar a un enfermo sino de que sus pecados serán perdonados también.
Otro aspecto importante dentro de una comunidad cristiana es el de la confesión. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho… (Santiago 5:16–17). Es interesante que aquí Santiago presupone que no todo es amor y paz, sino que asume que hay asperezas entre los miembros de la comunidad. Este aspecto de confesión también trae sanación, refuerza el hecho de que el hombre es una unidad y que incluso el pecado puede llegar a enfermar el cuerpo. Esta sanación por medio de la confesión y la oración no solamente se verá reflejada en salud física sino en el perdón del pecado.
Cuando nosotros tenemos predisposición para hacer lo que debemos hacer, entonces recién allí el Espíritu Santo de Dios hace su tarea en forma plena. Ejerce la tarea de rey, sacerdote y profeta y solo te quedará observar la sorprendente obra de Dios.
Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!
Apóstol Guillermo Decena
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