19 de abril de 2026

Reflexión del Apóstol Guillermo Decena: «Reyes, sacerdotes y profetas para Dios»

Reflexión del Apóstol Guillermo Decena: «Reyes, sacerdotes y profetas para Dios»

Mueblería HyG

El Após­tol Guiller­mo Dece­na expresó que “cuan­do nosotros ten­emos pre­dis­posi­ción para hac­er lo que debe­mos hac­er, el Espíritu San­to de Dios hace su tarea en for­ma ple­na. Si ejerce­mos la tarea de rey, sac­er­dote y pro­fe­ta, solo nos quedará obser­var la sor­pren­dente obra de Dios”.

«Mas vosotros sois lina­je escogi­do, real sac­er­do­cio, nación san­ta, pueblo adquiri­do por Dios, para que anun­ciéis las vir­tudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable…» (1 Pedro 2:9–10).

Esta es una declaración mar­avil­losa, porque dice clara­mente que antes no éramos tenidos en cuen­ta por Dios, pero por su ben­di­to amor ¡entramos en su órbi­ta! Aho­ra somos parte del mar­avil­loso pueblo de Dios a través de la fe en Jesús el Sal­vador. Y es pre­cisa­mente la operación del Espíritu San­to en nosotros, lo que nos capaci­ta para un tra­ba­jo sobre­nat­ur­al.

El Espíritu San­to nos colo­ca en tres posi­ciones priv­i­le­giadas e impul­sán­donos a hac­er tres tra­ba­jos sobre­nat­u­rales. Esto es para todos los cris­tianos ver­daderos y lo deberíamos realizar con respon­s­abil­i­dad y amor: REALEZA, o sea reinar espir­i­tual­mente. Segun­do, ejercer un SACERDOCIO. Y ter­cero, habla del min­is­te­rio PROFÉTICO que tiene todo cris­tiano ver­dadero, pues debe anun­ciar de parte de Dios las vir­tudes de nue­stro Padre para que la gente entregue su vida a Él.

En este mar­co, el Após­tol Guiller­mo Dece­na expresó que Jesús cumple estos tres roles y obvi­a­mente que lo hace para que lo imite­mos.

– Jesús como pro­fe­ta. Los pro­fe­tas tenían la tarea de comu­nicar la Pal­abra de Dios a las per­sonas. En el Antiguo Tes­ta­men­to, esto incluía procla­mar la ver­dad de Dios a otros y rev­e­lar los planes de Dios para el futuro. Además, los pro­fe­tas tam­bién real­iz­a­ban mila­gros y sanidades, pues donde está el Espíritu San­to hay hechos sobre­nat­u­rales.

– Jesús como sac­er­dote. Los sac­er­dotes del Antiguo Tes­ta­men­to servían como medi­adores entre Dios y los hom­bres. Ofrecían sac­ri­fi­cios en nom­bre del pueblo. Para nosotros, Jesús es nue­stro medi­ador y nue­stro sumo sac­er­dote: «Porque hay un solo Dios, y un solo medi­ador entre Dios y los hom­bres, Jesu­cristo hom­bre» (1 Tim­o­teo 2:5). (Hebre­os 4–10) dice que Jesús es nue­stro supre­mo Sumo Sac­er­dote y cómo Su sac­er­do­cio es muy supe­ri­or al sac­er­do­cio lev­íti­co del Antiguo Tes­ta­men­to. «Por tan­to, tenien­do un gran sumo sac­er­dote que traspasó los cie­los, Jesús el Hijo de Dios, reteng­amos nues­tra pro­fe­sión… (Hebre­os 4:14–16).

– Jesús como Rey. «será grande, y será lla­ma­do Hijo del Altísi­mo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siem­pre, y su reino no ten­drá fin»(Lucas 1:32–33). El Hijo de David que ven­dría sería un gob­er­nante del pueblo de Dios, y tam­bién sería su lib­er­ta­dor. Los judíos del tiem­po de Jesús inter­pre­taron que las pro­fecías habla­ban de un rey políti­co (Mateo 21:1–11). En cam­bio, Jesús ven­ció al peca­do y la muerte liberan­do a sus dis­cípu­los del inva­sor, del destruc­tor, del que los rob­a­ba y enca­den­a­ba o sea ven­ció a Satanás.

LOS CRISTIANOS EN CRISTO JESUS

Es for­mi­da­ble la dimen­sión que toma nues­tra vida con la pres­en­cia del Espíritu San­to. Nos con­ver­ti­mos en per­sonas poderosas y Él mis­mo lo ade­lan­tó: «Pero recibiréis poder, cuan­do haya venido sobre vosotros el Espíritu San­to, y me seréis tes­ti­gos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y has­ta lo últi­mo de la tier­ra» (Hechos 1:8).

«¿Está alguno enfer­mo entre vosotros? Llame a los ancianos de la igle­sia, y oren por él, ungién­dole con aceite en el nom­bre del Señor…» (San­ti­a­go 5:14–15). «Y la oración de fe sal­vará al enfer­mo, y el Señor lo lev­an­tará; y si hubiere cometi­do peca­dos, le serán per­don­a­dos» (San­ti­a­go 5:15).

El ungimien­to sim­boliza un cam­bio de “sta­tus” de un civ­il a rey, de un hom­bre común a un pro­fe­ta. En el caso del lep­roso, el Espíritu San­to lo cam­bia de un hom­bre enfer­mo a un hom­bre limpio y sano de toda enfer­medad. Como cris­tianos tam­bién fuimos ungi­dos, fuimos cam­bi­a­dos para siem­pre. Pero vosotros tenéis la unción del San­to, y conocéis todas las cosas. (1 Juan 2:20). El cam­bio de esta­do, de ser ene­mi­gos a ser hijos de Dios.

El segun­do aspec­to es el del ungimien­to para sanar a los enfer­mos, Y ech­a­ban fuera muchos demo­ni­os, y ungían con aceite a muchos enfer­mos, y los san­a­ban. (Mar­cos 6:13). Entonces este cam­bio de “sta­tus” nos hace partícipes en la sanidad de los enfer­mos, declaran­do proféti­ca­mente como reyes y sac­er­dotes, el cam­bio en las per­sonas por medio de la fe en Cristo y por medio de su poderoso nom­bre. Y la oración de fe sal­vará al enfer­mo, y el Señor lo lev­an­tará; y si hubiere cometi­do peca­dos, le serán per­don­a­dos. (San­ti­a­go 5:15). Es por eso que la frase que ocu­pa es “sal­vará al enfer­mo” y es intere­sante notar como la sal­vación y la sanación están unidas cuan­do no solo habla de lev­an­tar a un enfer­mo sino de que sus peca­dos serán per­don­a­dos tam­bién.

Otro aspec­to impor­tante den­tro de una comu­nidad cris­tiana es el de la con­fe­sión. Con­fe­saos vues­tras ofen­sas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sana­dos. La oración efi­caz del jus­to puede mucho… (San­ti­a­go 5:16–17). Es intere­sante que aquí San­ti­a­go pre­supone que no todo es amor y paz, sino que asume que hay asperezas entre los miem­bros de la comu­nidad. Este aspec­to de con­fe­sión tam­bién trae sanación, refuerza el hecho de que el hom­bre es una unidad y que inclu­so el peca­do puede lle­gar a enfer­mar el cuer­po. Esta sanación por medio de la con­fe­sión y la oración no sola­mente se verá refle­ja­da en salud físi­ca sino en el perdón del peca­do.

Cuan­do nosotros ten­emos pre­dis­posi­ción para hac­er lo que debe­mos hac­er, entonces recién allí el Espíritu San­to de Dios hace su tarea en for­ma ple­na. Ejerce la tarea de rey, sac­er­dote y pro­fe­ta y solo te quedará obser­var la sor­pren­dente obra de Dios.

Que Dios te bendi­ga, te guarde de todo mal y ten­gas una sem­ana de com­ple­ta vic­to­ria!

Após­tol Guiller­mo Dece­na

Vic­to­ry Church

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