19 de abril de 2026

Reflexión del Apóstol Guillermo Decena: «El espíritu desea guiarte a toda verdad»

Reflexión del Apóstol Guillermo Decena: «Reyes, sacerdotes y profetas para Dios»

Mueblería HyG

El Após­tol Guiller­mo Dece­na expresó que Jesús enseña que per­manecer en su Pal­abra y cono­cer la ver­dad div­ina te lib­era del peca­do y la esclav­i­tud espir­i­tu­al. La ver­dad es tam­bién una pro­tec­ción espir­i­tu­al y for­ma parte del uni­forme de un cris­tiano, guer­rero del espíritu, para estar firme en la batal­la que se nos pre­sente por delante.

«Y cono­ceréis la ver­dad, y la ver­dad os hará libres» (Juan 8:32).

Jesús enseña que per­manecer en su Pal­abra y cono­cer la ver­dad div­ina te lib­era del peca­do y la esclav­i­tud espir­i­tu­al. La ver­dad es tam­bién una pro­tec­ción espir­i­tu­al y for­ma parte del uni­forme de un guer­rero del espíritu, para estar firme en la batal­la que se nos pre­sente por delante. La ver­dad se encar­na en Cristo mis­mo, ofre­cien­do reden­ción y lib­er­tad espir­i­tu­al.

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«En aquel tiem­po, dijo Jesús a sus dis­cípu­los: Aún ten­go muchas cosas que deciros, pero aho­ra no las podéis sobrell­e­var. Pero cuan­do ven­ga el Espíritu de ver­dad, él os guiará a toda la ver­dad; porque no hablará por su propia cuen­ta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glo­ri­fi­cará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber» (San Juan 16: 12–15).

“¿Qué es la ver­dad?” es la pre­gun­ta que Pila­to le hizo a Jesús cuan­do nue­stro Señor le dijo: “Todo el que es de la ver­dad, escucha mi voz” (Juan 18: 37–38).

Pila­to no esper­a­ba ningu­na respues­ta a esa pre­gun­ta; en real­i­dad, con ella bus­ca­ba expre­sar var­ios sen­timien­tos ante la afir­ma­ción de Jesús: escep­ti­cis­mo, des­pre­cio, fas­tidio. Le inco­mod­a­ba la pal­abra “ver­dad”, y es el sen­tir que le sigue afectan­do muchos hoy: ¿qué es eso de la ver­dad? ¿aca­so alguien puede decir que la tiene? Moles­ta ter­ri­ble­mente, porque afir­ma que hay una ver­dad, y, además, una ver­dad que es “ple­na”: com­ple­ta y sin mat­ices.

1) VERDAD DEL MUNDO.

Jesús da una sev­era adver­ten­cia en el Evan­ge­lio de Mateo 7:15, sobre fal­sos pro­fe­tas que pare­cen inofen­sivos, pero son «lobos rapaces». Guardaos de los fal­sos pro­fe­tas, que vienen a vosotros con vesti­dos de ove­jas, pero por den­tro son lobos rapaces.

Hay per­sonas que hablan y hablan, pero sus pal­abras no te sir­ven para cono­cer a Dios, no te sir­ven sus enseñan­zas para ser feliz, ni para adquirir paz inte­ri­or. Es por esto que debe­mos analizar siem­pre los resul­ta­dos de las creen­cias. “por sus fru­tos los cono­ceréis”. El Espíritu San­to nos puede dar luz en cuan­to al mun­do que vivi­mos y lo quiere hac­er, para que seamos sabios al rela­cionarnos con las per­sonas, al votar o al ele­gir a nue­stros ami­gos.

Fíjese este con­se­jo del Señor: Ser «pru­dentes como ser­pi­entes y sen­cil­los como palo­mas» (Mateo 10:16). Jesús instruye a sus dis­cípu­los a equi­li­brar la astu­cia y la cautela (ser­pi­ente) con el amor, la inocen­cia, la inte­gri­dad y manse­dum­bre (palo­ma) al enfrentar al mun­do. Sig­nifi­ca actu­ar guia­dos por el Espíritu San­to para rela­cionarnos con sabiduría prác­ti­ca, sin perder el amor, la bon­dad ni la ama­bil­i­dad. El peli­gro estaría en ser sola­mente man­sos, pero no ten­er pru­den­cia o astu­cia para estar aten­tos a lo que el Espíritu San­to no quiera mostrar de los que nos rodean.

2) VERDAD DEL ENTORNO.

La his­to­ria de Ananías y Safi­ra es una seria adver­ten­cia para la igle­sia de todas las gen­era­ciones, sobre como la men­ti­ra y el engaño pueden dar lugar al malig­no. Ellos mintieron a los após­toles en esa época con una ofren­da. Y ter­mi­naron en juicio de parte de Dios.

(Hechos 5:3–4) Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu San­to, y sus­tra­je­ses del pre­cio de la heredad? Retenién­dola, ¿no se te qued­a­ba a ti? y ven­di­da, ¿no esta­ba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has men­ti­do a los hom­bres, sino a Dios.

3) LA VERDAD DE LA PERSONA DE DIOS.

(Fil­ipens­es 3:7–10) Pero cuan­tas cosas eran para mí ganan­cia, las he esti­ma­do como pér­di­da por amor de Cristo. cier­ta­mente, aun esti­mo todas las cosas como pér­di­da por la exce­len­cia del conocimien­to de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he per­di­do todo, y lo ten­go por basura, para ganar a Cristo, y ser hal­la­do en él, no tenien­do mi propia jus­ti­cia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la jus­ti­cia que es de Dios por la fe; a fin de cono­cer­le, y el poder de su res­ur­rec­ción, y la par­tic­i­pación de sus padec­imien­tos, lle­gan­do a ser seme­jante a él en su muerte.

Cuan­do el Espíritu San­to toma el con­trol de nues­tra vida, nos lle­va a una nue­va escala de val­ores que cam­bia todo, por el sim­ple hecho de adquirir un pleno conocimien­to de quien es Cristo. Por todo esto, el após­tol Pablo llegó a con­sid­er­ar que todas las cosas que la may­oría con­sid­er­aría como ganan­cia eran real­mente, al final pér­di­da. Con­sid­er­a­ba sus logros per­son­ales como nada com­para­dos a Su ver­dad, a Jesús.

4) LA VERDAD DE UNO MISMO.

(1 Cor­in­tios 11:30–32) Por lo cual hay muchos enfer­mos y debil­i­ta­dos entre vosotros, y muchos duer­men. Si, pues, nos exam­ináse­mos a nosotros mis­mos, no seríamos juz­ga­dos; mas sien­do juz­ga­dos, somos cas­ti­ga­dos por el Señor, para que no seamos con­de­na­dos con el mun­do.

Jesús deja en claro que el Espíritu San­to nos mostrará cuál es nue­stro ver­dadero esta­do espir­i­tu­al, emo­cional y físi­co, con la inten­ción de que reconoz­camos y cam­biemos. ¿Ten­go fe o solo mue­stro incer­tidum­bres? ¿Impar­to vida y paz? ¿Soy una per­sona orgul­losa? ¿Asumo la respon­s­abil­i­dad de mis deci­siones? ¿Mido las con­se­cuen­cias de mis acciones y reac­ciones? ¿Dejo a Dios en segun­do lugar? Si este es el caso, el Espíritu San­to me rev­ela que mi alma está en peli­gro, que nece­si­to perdón, que nece­si­to cam­biar y amar­lo más a Él que a mí mis­mo. Porque, cuan­do Dios no está en primer lugar en nues­tras vidas, no ten­emos paz, seguri­dad, ale­gría, ni respon­s­abil­i­dad en nues­tras acciones y reac­ciones. ¿Cuál es mi esta­do emo­cional? ¿Soy una per­sona demasi­a­do emo­cional, demasi­a­do sen­ti­men­tal ¿Me culpo demasi­a­do, con­de­no o cen­suro, creyen­do que Dios no me ama, que no me escucha o que no me val­o­ra? ¿Guar­do ren­cores, me cues­ta per­donar? Todo esto prue­ba que su alma no está salud­able.

Cuan­do acep­tas la ver­dad sobre el esta­do espir­i­tu­al que el Espíritu San­to te mues­tra, dejas de mur­mu­rar, de guardar ren­cores, de com­para­rte con los demás y superas sus trau­mas, aban­do­nan­do manías y cos­tum­bres. De esta man­era, su alma es cura­da. (2Corintios 13:5) Exam­i­naos a vosotros mis­mos si estáis en la fe; probaos a vosotros mis­mos. ¿O no os conocéis a vosotros mis­mos, que Jesu­cristo está en vosotros, a menos que estéis reproba­dos?

Tam­bién el Espíritu San­to rev­ela nue­stro ver­dadero esta­do espir­i­tu­al sobre nue­stro cuer­po, nos da la con­cien­cia de saber si somos el tem­p­lo de Dios o el de otros espíri­tus. Si hemos usa­do nue­stro cuer­po para el peca­do, para lla­mar la aten­ción de los demás con la inten­ción de ser idol­a­tra­dos por nue­stro físi­co o por la man­era de vestirnos, la Ver­dad nos mues­tra que no debe­mos acep­tar tales acti­tudes; porque es impor­tante cuidar y val­o­rar, pero el propósi­to es que nue­stro cuer­po sea lleno y usa­do por el Espíritu San­to, sin la vanidad de este mun­do.

(Gálatas 6:4–5) Así que, cada uno someta a prue­ba su propia obra, y entonces ten­drá moti­vo de glo­ri­arse sólo respec­to de sí mis­mo, y no en otro; porque cada uno lle­vará su propia car­ga.

El Espíritu San­to sim­ple­mente nos indi­ca el camino, aunque el mun­do, la religión muer­ta o la moda nos pre­sente var­ios. Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la ver­dad, y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí» (Juan 14:6).

Que Dios te bendi­ga, te guarde de todo mal y ten­gas una sem­ana de com­ple­ta vic­to­ria!

Após­tol Guiller­mo Dece­na

Vic­to­ry Church

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