3 de agosto de 2026

Reflexión del Apóstol Guillermo Decena: «Sanos de todo odio»

Reflexión del Apóstol Guillermo Decena

Mueblería HyG

El Após­tol Guiller­mo Dece­na epresó “a difer­en­cia de la ira momen­tánea, el odio se mantiene y crece con el tiem­po gra­cias a pen­samien­tos fijos y obsesivos. Bus­ca ale­jar, dom­i­nar o las­ti­mar a quien se con­sid­era una ame­naza o fuente de dolor. Hoy ver­e­mos cómo se puede sanar el odio”.

“No abor­recerás a tu her­mano en tu corazón; razonarás con tu próji­mo, para que no par­ticipes de su peca­do. No te ven­garás, ni guardarás ren­cor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu próji­mo como a ti mis­mo…” (Lev­íti­cos 19:17–18).

Ust­ed es lla­ma­do a ser un servi­dor. La igle­sia tradi­cional ha trans­for­ma­do a la pal­abra “diá­cono” en un car­go espe­cial, pero todos somos lla­ma­dos a ser diá­conos, que sen­cil­la­mente sig­nifi­ca ser un servi­dor de Cristo. Lev­íti­co enseña que los servi­dores del pueblo de Dios deben ser sanos del odio, si no, se enfer­marán y ter­mi­narán sin ser efec­tivos en el ser­vi­cio al Señor. El odio es un sen­timien­to muy fuerte, de pro­fun­do rec­ha­zo, aver­sión, antipatía y has­ta de vio­len­cia hacia algo o alguien, o a menudo hacia deter­mi­na­do grupo espe­cial de per­sonas. Tam­bién incluye el deseo de causar daño o de ver destru­i­do a su obje­ti­vo del odio.

A difer­en­cia de la ira momen­tánea, el odio se mantiene y crece con el tiem­po gra­cias a pen­samien­tos fijos y obsesivos. Es un esta­do que dura mucho tiem­po, quizá para siem­pre sino se sana, a difer­en­cia de un eno­jo que pasa pron­to. Bus­ca ale­jar, dom­i­nar o las­ti­mar a quien se con­sid­era una ame­naza o fuente de dolor. Veamos cómo se puede sanar el odio.

En este mar­co, el Após­tol Guiller­mo Dece­na detal­ló algunos pun­tos:

1. NO ALEJARME DE LAS PERSONAS.

El odio trae aver­sión, no quer­er estar cer­ca de las per­sonas odi­adas. La aver­sión es un fuerte sen­timien­to de rec­ha­zo, repug­nan­cia o asco hacia una per­sona, obje­to o situación. Y esto te hace huir. Pero eso nun­ca traerá sanidad del odio. Jesús enseña pre­cisa­mente lo con­trario:

“Si un creyente peca con­tra ti, háblale en pri­va­do y hazle ver su fal­ta. Si te escucha y con­fiesa el peca­do, has recu­per­a­do a esa per­sona; Pero si no te hace caso, toma a uno o dos más con­ti­go y vuelve a hablar­le, para que los dos o tres tes­ti­gos puedan con­fir­mar todo lo que digas.” (Mateo 18:15–16).

El fin es bus­car la paz y restau­rar la relación. El asun­to es dis­tin­to con per­sonas que son aje­nas a la igle­sia del Señor y en este sen­ti­do es difí­cil razonar con ellos, pero el Espíritu San­to nos dice a través del após­tol Pablo: “Si es posi­ble, en cuan­to depen­da de vosotros, estad en paz con todos los hom­bres” (Romanos 12:8).

Nun­ca sanarás el odio si estás huyen­do de la gente, nun­ca cumplirás el propósi­to de tu vida si no apren­des a enfrentar las situa­ciones y expre­sarte con lib­er­tad. Dios quiere darte paz y la paz viene tam­bién de la relación con la gente. Este tiene que ser un moti­vo de oración si detec­tas que hay prob­le­mas en esta área de tu vida. Tienes que cumplir los may­ores de los man­damien­tos que es amar a Dios, pero tam­bién amar al próji­mo.

“Y al que vosotros per­donáis, yo tam­bién; porque tam­bién yo lo que he per­don­a­do, (…) para que Satanás no gane ven­ta­ja algu­na sobre nosotros; pues no igno­ramos sus maquina­ciones» (2 Cor­in­tios 2:10–11).

La estrate­gia del malig­no es que caig­amos en el peca­do ajeno, pero la Pal­abra de Dios nos enseña a no caer en esa tram­pa.

2. NO TOMARAS VENGANZA.

La ven­gan­za es una de las con­se­cuen­cias del odio, que lle­va a la vio­len­cia y destruc­ción. Jesús enseña clara­mente en con­tra de la ven­gan­za porque ella afir­ma el odio.

“Queri­dos ami­gos, nun­ca tomen ven­gan­za. Dejen que se encar­gue la jus­ta ira de Dios. Pues dicen las Escrit­uras: «Yo tomaré ven­gan­za; yo les pagaré lo que se mere­cen» (…) En cam­bio, «Si tus ene­mi­gos tienen ham­bre, dales de com­er. Si tienen sed, dales de beber. Al hac­er eso, amon­tonarás car­bones encen­di­dos de vergüen­za sobre su cabeza» No dejen que el mal los ven­za, más bien ven­zan el mal hacien­do el bien” (Romanos 12:19–21).

La ven­gan­za está pro­hibi­da para el ser humano porque per­petúa el poder del demo­nio en la per­sona con odio. Ten­emos que vivir en paz y de una man­era que podamos ser usa­dos por el Señor con poder. La vida del creyente es espe­cial en el tra­to con sus seme­jantes.

3. NO GUARDE RENCOR.

“Si per­donas a los que pecan con­tra ti, tu Padre celes­tial te per­donará a ti; pero si te nie­gas a per­donar a los demás, tu Padre no per­donará tus peca­dos” (Mateo 6:14–15).

El ren­cor se define como una negación pro­fun­da a no olvi­dar la ofen­sa y la per­sona no per­dona real­mente, aunque diga que per­donó, y se nota porque el ren­coroso se nie­ga a entablar relación nor­mal, o una mín­i­ma relación, con la per­sona que le ofendió, lo esqui­va.

El ren­cor tiene la car­ac­terís­ti­ca de durar mucho tiem­po en la mente de la per­sona que guar­da ren­cor. La per­sona recuer­da el daño una y otra vez, incluyen­do deseos de que la otra per­sona sufra, le “vaya mal” o reci­ba un cas­ti­go.

La Bib­lia habla clara­mente y dice que el odio es un espíritu dia­bóli­co que toma la vida de las per­sonas, los pone vio­len­tos y ator­men­ta a quienes les dan lugar. Ese demo­nio de odio es el que impul­sa el asesina­to, así que direc­ta­mente hay que renun­ciar al espíritu de odio y echar­lo fuera, per­do­nan­do y pidi­en­do perdón por todo deseo de ven­gan­za.

Dios te lib­er­ará, porque te ama. A la lib­er­tad nos llamó el Señor, asi que no podemos ni debe­mos estar enca­de­na­dos por el odio.

Que Dios te bendi­ga, te guarde de todo mal y ten­gas una sem­ana de com­ple­ta vic­to­ria!

Após­tol Guiller­mo Dece­na

Vic­to­ry Church

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