El Apóstol Guillermo Decena epresó “a diferencia de la ira momentánea, el odio se mantiene y crece con el tiempo gracias a pensamientos fijos y obsesivos. Busca alejar, dominar o lastimar a quien se considera una amenaza o fuente de dolor. Hoy veremos cómo se puede sanar el odio”.
“No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado. No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo…” (Levíticos 19:17–18).
Usted es llamado a ser un servidor. La iglesia tradicional ha transformado a la palabra “diácono” en un cargo especial, pero todos somos llamados a ser diáconos, que sencillamente significa ser un servidor de Cristo. Levítico enseña que los servidores del pueblo de Dios deben ser sanos del odio, si no, se enfermarán y terminarán sin ser efectivos en el servicio al Señor. El odio es un sentimiento muy fuerte, de profundo rechazo, aversión, antipatía y hasta de violencia hacia algo o alguien, o a menudo hacia determinado grupo especial de personas. También incluye el deseo de causar daño o de ver destruido a su objetivo del odio.
A diferencia de la ira momentánea, el odio se mantiene y crece con el tiempo gracias a pensamientos fijos y obsesivos. Es un estado que dura mucho tiempo, quizá para siempre sino se sana, a diferencia de un enojo que pasa pronto. Busca alejar, dominar o lastimar a quien se considera una amenaza o fuente de dolor. Veamos cómo se puede sanar el odio.
En este marco, el Apóstol Guillermo Decena detalló algunos puntos:
1. NO ALEJARME DE LAS PERSONAS.
El odio trae aversión, no querer estar cerca de las personas odiadas. La aversión es un fuerte sentimiento de rechazo, repugnancia o asco hacia una persona, objeto o situación. Y esto te hace huir. Pero eso nunca traerá sanidad del odio. Jesús enseña precisamente lo contrario:
“Si un creyente peca contra ti, háblale en privado y hazle ver su falta. Si te escucha y confiesa el pecado, has recuperado a esa persona; Pero si no te hace caso, toma a uno o dos más contigo y vuelve a hablarle, para que los dos o tres testigos puedan confirmar todo lo que digas.” (Mateo 18:15–16).
El fin es buscar la paz y restaurar la relación. El asunto es distinto con personas que son ajenas a la iglesia del Señor y en este sentido es difícil razonar con ellos, pero el Espíritu Santo nos dice a través del apóstol Pablo: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12:8).
Nunca sanarás el odio si estás huyendo de la gente, nunca cumplirás el propósito de tu vida si no aprendes a enfrentar las situaciones y expresarte con libertad. Dios quiere darte paz y la paz viene también de la relación con la gente. Este tiene que ser un motivo de oración si detectas que hay problemas en esta área de tu vida. Tienes que cumplir los mayores de los mandamientos que es amar a Dios, pero también amar al prójimo.
“Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, (…) para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones» (2 Corintios 2:10–11).
La estrategia del maligno es que caigamos en el pecado ajeno, pero la Palabra de Dios nos enseña a no caer en esa trampa.
2. NO TOMARAS VENGANZA.
La venganza es una de las consecuencias del odio, que lleva a la violencia y destrucción. Jesús enseña claramente en contra de la venganza porque ella afirma el odio.
“Queridos amigos, nunca tomen venganza. Dejen que se encargue la justa ira de Dios. Pues dicen las Escrituras: «Yo tomaré venganza; yo les pagaré lo que se merecen» (…) En cambio, «Si tus enemigos tienen hambre, dales de comer. Si tienen sed, dales de beber. Al hacer eso, amontonarás carbones encendidos de vergüenza sobre su cabeza» No dejen que el mal los venza, más bien venzan el mal haciendo el bien” (Romanos 12:19–21).
La venganza está prohibida para el ser humano porque perpetúa el poder del demonio en la persona con odio. Tenemos que vivir en paz y de una manera que podamos ser usados por el Señor con poder. La vida del creyente es especial en el trato con sus semejantes.
3. NO GUARDE RENCOR.
“Si perdonas a los que pecan contra ti, tu Padre celestial te perdonará a ti; pero si te niegas a perdonar a los demás, tu Padre no perdonará tus pecados” (Mateo 6:14–15).
El rencor se define como una negación profunda a no olvidar la ofensa y la persona no perdona realmente, aunque diga que perdonó, y se nota porque el rencoroso se niega a entablar relación normal, o una mínima relación, con la persona que le ofendió, lo esquiva.
El rencor tiene la característica de durar mucho tiempo en la mente de la persona que guarda rencor. La persona recuerda el daño una y otra vez, incluyendo deseos de que la otra persona sufra, le “vaya mal” o reciba un castigo.
La Biblia habla claramente y dice que el odio es un espíritu diabólico que toma la vida de las personas, los pone violentos y atormenta a quienes les dan lugar. Ese demonio de odio es el que impulsa el asesinato, así que directamente hay que renunciar al espíritu de odio y echarlo fuera, perdonando y pidiendo perdón por todo deseo de venganza.
Dios te liberará, porque te ama. A la libertad nos llamó el Señor, asi que no podemos ni debemos estar encadenados por el odio.
Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!
Apóstol Guillermo Decena
Victory Church





