26 de julio de 2026

Reflexión del Apóstol Guillermo Decena: «Sanando la tristeza»

Mueblería HyG

El Após­tol Guiller­mo Dece­na expresó que la tris­teza es una emo­ción que nos tira hacia aba­jo el áni­mo, es como una enfer­medad espir­i­tu­al que puede traer aún enfer­medades físi­cas. Pero el gozo que nos da el Espíritu de Dios es algo sobre­nat­ur­al que con­cede una fuerza poderosa para seguir ade­lante, es nue­stro poder. Hay dos partes en este mila­gro: mi acti­tud de con­fi­ar en Dios y la obra del Espíritu San­to.

“Y se lev­an­tó Ana después que hubo comi­do y bebido en Silo; y (…) con amar­gu­ra de alma oró a Jehová, y lloró abun­dan­te­mente. E hizo voto, dicien­do: Jehová de los ejérci­tos, si te dignares mirar a la aflic­ción de tu sier­va, y te acor­dares de mí, y no te olvi­dares de tu sier­va, sino que dieres a tu sier­va un hijo varón, yo lo dedi­caré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará nava­ja sobre su cabeza” (1 Samuel 1:9–18).

La tris­teza es una emo­ción que nos tira hacia aba­jo el áni­mo. La definiría como una enfer­medad espir­i­tu­al que puede traer aún enfer­medades físi­cas.

Cuan­do Ana fue al tem­p­lo a orar recibió un mila­gro: ¡Dios sanó la tris­teza! Debe­mos enten­der que hay mila­gros mar­avil­losos que Dios está dis­puesto a hac­er en nues­tra alma. Por eso dice la Pal­abra: “Has cam­bi­a­do mi lamen­to en baile; (…)” (Salmos 30:11–12).

Para que este mila­gro ocur­ra, debe­mos enten­der que el Espíritu San­to es el que ha venido a hac­er esa obra. El gozo que nos da el Espíritu de Dios es algo sobre­nat­ur­al porque con­cede una fuerza poderosa para seguir ade­lante, es nue­stro poder. Hay dos partes en este mila­gro: mi acti­tud de con­fi­ar en Dios y la obra del Espíritu San­to. Todo mila­gro comien­za con bus­car­lo, con oración, con clam­or, con súpli­ca. La oración abre las puer­tas a lo mila­groso y sor­pren­dente, la súpli­ca mueve la mis­eri­cor­diosa mano de Dios. Pero tam­bién hay otros fac­tores fun­da­men­tales para el mila­gro que hace el Espíritu de Dios al sanar la tris­teza. Y en este mar­co, el Após­tol Guiller­mo Dece­na detal­ló algunos pun­tos:

1- LA PALABRA DE DIOS.

Nues­tra vida está basa­da en la pal­abra de Dios y no en pal­abra de hom­bre. Si la pal­abra de nue­stro Dios es nue­stro cimien­to, pueden venir tor­men­tas y nues­tra vida no cae. Si es nue­stro sostén, entonces puede venir cualquier pal­abra neg­a­ti­va y no nos va a destru­ir.

Hay pal­abras que hieren y destruyen, pero hay pal­abras que dan vida y son sanado­ras. Hay mar­avil­losas fuerzas para el alma en la pal­abra de Dios, pues es pal­abra mila­grosa y sanado­ra, es med­i­c­i­na para nues­tra vida. Ten­emos que con­fi­ar en ella pues grandes mila­gros serán desa­ta­dos.

“Porque son vida a los que las hal­lan, Y med­i­c­i­na a todo su cuer­po.” (Prover­bios 4:22)

La Pal­abra es el medio para preser­var el cuer­po de muchas enfer­medades, así como para sanar las diver­sas dolen­cias del alma; son sanas, ben­efi­ciosas y viv­i­f­i­cantes, y sir­ven para man­ten­er el alma y el cuer­po salud­ables. La pal­abra de Dios da pal­abra viva para revi­talizar nues­tra alma y con­tiene prome­sas pre­ciosas que nos ase­gu­ran Su amor y Su pres­en­cia con nosotros.

Muchas veces la tris­teza se for­t­alece en la fal­ta de expec­ta­ti­vas, donde no hay mucho por recibir, pero cuan­do una per­sona con tris­teza toma con­cien­cia de las prome­sas mar­avil­losas de Dios, algo cam­bia, porque la Pal­abra de Dios es poderosa y acti­va.

2- PALABRA DE AUTORIDAD.

Cuan­do el sac­er­dote Elí dio la pal­abra, allí se pro­du­jo el mila­gro. El ser humano debe ten­er la sufi­ciente humil­dad para con­fi­ar que Dios puede uti­lizar a sus sier­vos. Debe­mos vencer la ten­den­cia a la auto­su­fi­cien­cia. Dios quiere dester­rar el orgul­lo y la rebeldía de nue­stro corazón para recién allí hac­er mila­gros

“Aho­ra bien, Cristo dio los sigu­ientes dones a la igle­sia: los após­toles, los pro­fe­tas, los evan­ge­lis­tas, y los pas­tores y mae­stros. Ellos tienen la respon­s­abil­i­dad de preparar al pueblo de Dios (…)” (Efe­sios 4:11–12).

Estos son los cin­co dones para la edu­cación y ben­di­ción de los cris­tianos. Y cuan­do fun­cio­nan estos cin­co min­is­te­rios, la igle­sia recibe crec­imien­to, expan­sión y mila­gros. Esto no es un dis­eño humano, sino que Cristo mis­mo lo deter­minó de esa man­era. Cuan­do el cris­tiano quiere fun­cionar como como le parece, entonces Dios no puede obrar ple­na­mente con mila­gros. Acepte­mos las autori­dades porque están pues­tas por Dios.

3- LA CASA DE DIOS.

Ya no somos extraños ni descono­ci­dos somos ‘Miem­bros de la famil­ia de Dios’ (Efe­sios 2:19–22). Es mar­avil­loso que el Creador del Uni­ver­so sea tam­bién nue­stro Padre, que nos ame como a sus hijos, que nos haga parte de su famil­ia.

En 4000 años de his­to­ria bíbli­ca, a Dios se le habla con var­ios títu­los, cada uno con su sig­nifi­ca­do e impor­tan­cia. Pero ninguno de esos títu­los fue tan impor­tante como el que Jesús nos vino a rev­e­lar: Dios como Padre; Padre suyo, y de todos nosotros. Jesús nos rev­ela que Dios apunt­a­ba a crear una famil­ia, hijos con Su nom­bre, que rev­e­laran Su glo­ria en todo el mun­do, y para toda la eternidad.

4- SANIDAD.

Dios sabe muy bien que el prin­ci­pal ori­gen de la tris­teza está en las malas expe­ri­en­cias en la famil­ia y caren­cias de todo tipo.

La idea de Dios es sanar la tris­teza a través de una famil­ia llena del amor puro de Dios. Dios lev­an­ta padres y madres espir­i­tuales capaces de prestar sus oídos y dedicar tiem­po a sus hijos espir­i­tuales para sanarles de todo trau­ma de la infan­cia.

5- HACER PACTOS CON DIOS.

Algo se desató cuan­do Ana hizo un pacto con Dios, prome­tien­do que si Él le daba un hijo varón, ella lo con­sagraría para el ser­vi­cio a Dios.

“Vuelve aho­ra en amis­tad con él, y ten­drás paz; Y por ello te ven­drá bien. Toma aho­ra la ley de su boca, Y pon sus pal­abras en tu corazón. (…) serás edi­fi­ca­do; Ale­jarás de tu tien­da la aflic­ción; (…) Porque entonces te deleitarás en el Omnipo­tente, Y alzarás a Dios tu ros­tro. Orarás a él, y él te oirá; (…) y sobre tus caminos res­p­lan­de­cerá luz” (Job 22:21–30).

Hay un vacío que Dios quiere llenar en tu inte­ri­or y lo va a hac­er si se lo pides. Dios quiere sanarte de toda tris­teza, entre­ga tu vida a Jesús, con­fía en Él, y Él hará.

Que Dios te bendi­ga, te guarde de todo mal y ten­gas una sem­ana de com­ple­ta vic­to­ria!

Após­tol Guiller­mo Dece­na

Vic­to­ry Church

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