Reflexión del Apóstol Guillermo Decena: «La tercera piedra de la victoria: la santidad»

Mueblería HyG

El Após­tol Guiller­mo Dece­na expresó que cuan­do nues­tra mente es ren­o­va­da por la Pal­abra, nues­tra esper­an­za per­manece en Cristo y elegi­mos agradar a Dios por enci­ma de todo, nos con­ver­ti­mos en un tes­ti­mo­nio vivo de su poder trans­for­mador. La san­ti­dad nos prepara para cam­i­nar en la vic­to­ria que Él dis­eñó para nosotros, veamos lo que nos dice la Pal­abra de Dios.

TERCERA PIEDRA: UNA VIDA DE SANTIDAD

(1 Samuel 17:40–50) David tomó cin­co piedras lisas del arroyo para enfrentar a Goli­at. Cada una de ellas rep­re­sen­ta una vir­tud espir­i­tu­al que lo capac­itó para alcan­zar la vic­to­ria. La primera piedra nos habló de la ado­ración, la segun­da nos enseñó sobre la hon­ra. En esta opor­tu­nidad lleg­amos a la ter­cera piedra: una vida de san­ti­dad.

La vic­to­ria de David frente a Goli­at fue un mila­gro, pero tam­bién fue el resul­ta­do de una vida que había sido for­ma­da espir­i­tual­mente. Antes de enfrentarse al gigante, David había desar­rol­la­do una relación pro­fun­da con Dios y una vida aparta­da para Él. La pre­gun­ta que debe­mos hac­er­nos es: ¿cómo podemos vivir en san­ti­dad en un mun­do que con­stan­te­mente nos invi­ta a pen­sar, actu­ar y vivir de acuer­do con val­ores con­trar­ios a Dios? La san­ti­dad será una de las piedras que Dios uti­lizará para der­rib­ar gigantes espir­i­tuales y lle­varnos a vivir en vic­to­ria.

En este mar­co, el Após­tol Guiller­mo Dece­na detal­ló algunos pun­tos:

1. ¿QUÉ SIGNIFICA VIVIR EN SANTIDAD?

Pedro nos enseña: “Sed san­tos, porque yo soy san­to.” (1 Pedro 1:15–16) La san­ti­dad no con­siste sim­ple­mente en cumplir una lista de pro­hibi­ciones ni en aparentar ser difer­entes delante de los demás. Bíbli­ca­mente, ser san­to sig­nifi­ca estar aparta­do, con­sagra­do y des­ti­na­do para Dios. Por eso, cuan­do Dios nos lla­ma a la san­ti­dad, nos está lla­man­do a vivir de acuer­do con el dis­eño para el cual fuimos crea­d­os.

La ver­dadera san­ti­dad comien­za en el inte­ri­or y ter­mi­na afectan­do toda nues­tra man­era de vivir. No se tra­ta sola­mente de lo que hace­mos exter­na­mente, sino de quién esta­mos sien­do delante de Dios. Tam­poco podemos con­fundir san­ti­dad con rigidez, orgul­lo o com­para­ción con otros. La san­ti­dad ver­dadera pro­duce una trans­for­ma­ción del corazón: dejamos de vivir dom­i­na­dos por nue­stros deseos e impul­sos y comen­zamos a vivir bus­can­do agradar a Dios. Ser san­tos es decidir que nues­tra vida pertenece a Dios.

2. ¿POR QUÉ DEBEMOS BUSCAR LA SANTIDAD?

Pedro pre­sen­ta dos grandes razones: porque Dios es nue­stro Padre y nue­stro Juez. Dios nos ha adop­ta­do como hijos. Pertenece­mos a Su famil­ia y recibi­mos una nue­va iden­ti­dad. Pero esa perte­nen­cia tam­bién trae respon­s­abil­i­dad: nues­tra man­era de vivir debe refle­jar a quién pertenece­mos. “Para que andéis como es dig­no del Señor, agradán­dole en todo.” (Colosens­es 1:10)

Al mis­mo tiem­po, Dios es un Juez jus­to e impar­cial. Esta ver­dad nos lle­va a vivir con rev­er­en­cia, enten­di­en­do que nues­tra vida tiene val­or delante de Él y que nues­tras acciones impor­tan. Porque Cristo pagó un pre­cio por nues­tra lib­er­tad. Pedro recuer­da que fuimos rescata­dos, no con oro ni pla­ta, sino con la pre­ciosa san­gre de Jesu­cristo. Cristo nos rescató de una vana man­era de vivir para que no volva­mos vol­un­tari­a­mente a las mis­mas cade­nas de las que fuimos lib­er­a­dos.

Por eso, vivir en san­ti­dad es tam­bién una man­era de hon­rar lo que Cristo hizo por nosotros. Nues­tra nue­va vida no debe estar deter­mi­na­da por los están­dares del mun­do, sino por el propósi­to para el cual Dios nos creó.

3. ¿CÓMO CRECEMOS EN SANTIDAD?

A. Cuidan­do nues­tra mente

Pedro dice: “Ceñid los lomos de vue­stro entendimien­to, sed sobrios” (1 Pedro 1:13). La san­ti­dad comien­za en nue­stros pen­samien­tos. Lo que ali­men­ta nues­tra mente ter­mi­na influyen­do en nues­tras acciones; las acciones repeti­das for­man hábitos, los hábitos for­man carác­ter y nue­stro carác­ter influye en el des­ti­no que con­stru­imos. Por eso nece­si­ta­mos llenar nues­tra mente de la Pal­abra de Dios y apren­der a dis­cernir aque­l­lo que la cul­tura quiere insta­lar en nosotros.

En la prác­ti­ca, nece­si­ta­mos:

● Ali­men­tar nues­tra mente con la Pal­abra.

● Dis­cernir los men­sajes y val­ores que recibi­mos.

● Rec­haz­ar pen­samien­tos destruc­tivos e impuros.

● Cul­ti­var pen­samien­tos ver­daderos, jus­tos, puros y dig­nos de ala­ban­za (Fil­ipens­es 4:8).

B. Ponien­do nues­tra esper­an­za en la gra­cia

Cuan­do vivi­mos con una per­spec­ti­va eter­na, nues­tras pri­or­i­dades cam­bian. Enten­demos que somos pere­gri­nos en este mun­do y que no nece­si­ta­mos con­for­marnos a sus val­ores para sen­tir que pertenece­mos. Nues­tra esper­an­za está pues­ta en Dios y en Su prome­sa. Por eso podemos ele­gir la san­ti­dad aun cuan­do hac­er­lo implique ir con­tra la cor­ri­ente.

C. Vivien­do en temor rev­er­ente de Dios

El temor de Dios no sig­nifi­ca vivir ater­ror­iza­dos, sino cam­i­nar con asom­bro, respeto y rev­er­en­cia. Cuan­do com­pren­demos quién es Dios, lo que hizo por nosotros y el pre­cio que Cristo pagó por nosotros, vivir para Él deja de sen­tirse como una pér­di­da y se con­vierte en nues­tra mejor elec­ción.

El mun­do puede decirnos que nece­si­ta­mos ced­er nue­stros prin­ci­p­ios para dis­fru­tar la vida. Pero el temor rev­er­ente nos recuer­da que en Dios encon­tramos algo mucho may­or: una vida con propósi­to, lib­er­tad y ver­dadera plen­i­tud.

LA SANTIDAD: UNA PIEDRA DE VICTORIA

David pudo enfrentarse a Goli­at porque había sido for­ma­do antes de lle­gar al cam­po de batal­la. La vic­to­ria públi­ca comen­zó con una vida pri­va­da de comu­nión, obe­di­en­cia y depen­den­cia de Dios. De la mis­ma man­era, nues­tra san­ti­dad no es sola­mente una cuestión per­son­al: es una her­ramien­ta espir­i­tu­al para enfrentar los gigantes que se lev­an­tan con­tra nues­tra vida y nue­stro propósi­to.

Ado­ración, hon­ra y san­ti­dad for­man parte de una vida que reconoce a Dios, entiende a quién pertenece y decide vivir de acuer­do con Su vol­un­tad. En medio de una gen­eración que muchas veces nor­mal­iza aque­l­lo que se opone a Dios, esta­mos lla­ma­dos a per­manecer firmes, ínte­gros y difer­entes.

“Para que seáis irrepren­si­bles y sen­cil­los, hijos de Dios sin man­cha en medio de una gen­eración maligna y per­ver­sa, en medio de la cual res­p­lan­decéis como luminares en el mun­do” (Fil­ipens­es 2:15)

La san­ti­dad es per­mi­tir que Dios restau­re en nosotros Su ima­gen y nos haga vivir como fuimos dis­eña­dos: ínte­gros, aparta­dos para Él y capaces de res­p­lan­de­cer en medio de un mun­do con­t­a­m­i­na­do.

Que Dios te bendi­ga, te guarde de todo mal y ten­gas una sem­ana de com­ple­ta vic­to­ria!

Após­tol Guiller­mo Dece­na

Vic­to­ry Church

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