El Apóstol Guillermo Decena expresó que el sentido de pertenencia trae sanidad a nuestra identidad. Cuando entendemos que somos parte de algo mayor, dejamos de vivir desde el rechazo, la inseguridad o la necesidad de encontrar nuestro lugar, y comenzamos a caminar con la certeza de que tenemos una familia, un propósito y un hogar en Dios.
“—Mi reino no es de este mundo —contestó Jesús—. (…) Yo para esto nací, y para esto vine al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que está de parte de la verdad escucha mi voz” (Juan 18:36–37).
El sentir pertenencia es la senda de la sanación de la identidad. La filósofa francesa Simone Weil sostiene que el sentido de pertenencia tal vez sea la necesidad más importante y menos reconocida del ser humano. La vida humana se vuelve significativa cuando nos sentimos parte de algo positivo que puede marcar el rumbo de la persona.
Jesús dice categóricamente su pertenencia. Cuando vemos la vida de Jesús, observamos la sanidad perfecta, y una de las características del Señor es su perfecto sentido de pertenencia. Miremos su oración:
“Yo les he entregado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno…” (Juan 17:14–16)
El Señor esperaría que nosotros tengamos su mismo “sentido de pertenencia” y así alcanzaríamos un grado de sanidad y espiritualidad superior. Pero cuando analizamos a las personas heridas vemos que la percepción de la pertenencia está dañada. Las personas rechazadas sienten que no pertenecen a su familia y tienen ese mismo sentir en muchos ámbitos; esto debe ser sanado para ser felices y capaces de disfrutar lo que Dios nos ha dado, no solo creer en Cristo, sino que sepamos que la vida abundante consiste en que sabemos a quién pertenecemos y a qué pertenecemos.
El salmo 23 es considerado el himno a la pertenencia por excelencia debido a la profunda relación de identidad, propiedad y cuidado mutuo que describe entre Dios y el ser humano. Al declarar «El Señor es mi pastor», el creyente no solo busca protección, sino que afirma su posición como parte del rebaño de Dios, encontrando su identidad en esa total dependencia. El Salmo 23 es uno de los textos más queridos de la Biblia porque describe a la perfección el alivio, la seguridad y el asombro de pertenecer a Dios como nuestro Pastor. No es solo un poema de protección; es el testimonio de una oveja que se sabe profundamente amada, cuidada y reclamada por su dueño. Representa la maravillosa bendición de pertenecer:
“Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Salmo 23:1–6).
En este marco, el Apóstol Guillermo Decena detalló algunos puntos:
1. PERTENENCIA QUE QUITA LA ESCASEZ.
«Jehová es mi pastor; nada me faltará» (Salmo 23:1).
El salmo empieza diciendo quién es Él para nosotros y de quién somos nosotros para Él. Nos muestra identidad y suficiencia, porque al pertenecer al Pastor soberano, el mañana está asegurado. No faltará provisión, ni dirección porque Su reputación está ligada a nuestro cuidado.
“Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos;…» (Salmo 100:3).
2. PERTENENCIA QUE TRAE DESCANSO VERDADERO.
«En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará» (Salmo 23:2).
Forma confianza y paz. Una oveja solo se tumba a descansar si se siente completamente a salvo de depredadores y del hambre. Pertenecer a Dios nos permite relajar la guardia, apagar la ansiedad y renovar las fuerzas en Su presencia.
3. PERTENENCIA QUE GUÍA EN LA CONFUSIÓN.
«Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.» (Salmo 23:3)
Restauración y propósito: Cuando nos desviamos o cansamos, Su gracia nos devuelve la fortaleza al alma. Él nos guía por el camino correcto porque es fiel a Su propio nombre y cuida de lo que es Suyo.
4. PERTENENCIA QUE ELIMINA EL MIEDO.
«Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo…» (Salmo 23:4).
Su presencia consuela. El peligro no desaparece, pero el miedo sí. Su vara (para defendernos) y Su cayado (para guiar y traer de vuelta) nos dan la seguridad de que nunca cruzaremos la oscuridad en soledad. Él nos guiará aún más allá de la muerte.
“Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre;” (Salmo 48:14).
5. PERTENENCIA QUE NOS HACE FAMILIA.
«Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosante» (Salmo 23:5).
Dios restablece la dignidad y nos da en abundancia. Pasamos de ser ovejas en el campo a invitados de honor en Su mesa. Dios nos llena de favor y nos consagra con el aceite frente a cualquier adversidad. Nuestra copa no está medio llena; desborda, habla de plenitud, de abundancia y de poder disfrutar lo que Él nos brinda.
6. UNA PERTENENCIA ETERNA.
«Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días» (Salmo 23:6).
Su amor es persistente; el bien y la gracia no solo nos acompañan, también nos «persiguen» activamente a donde vayamos. La mayor maravilla de pertenecer a Dios es que nuestro hogar actual y eterno es Su propia casa. La casa de Dios se convierte en el hogar definitivo, consolidando una unión permanente que no se rompe con el tiempo.
Jesús no garantizó que no tendríamos dificultades, pero si pertenecemos en toda circunstancia y hasta el final, tenemos vida eterna. Por medio de Su sangre, la victoria está asegurada.
“No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10).
Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!
Apóstol Guillermo Decena
Victory Church








