El Apóstol Guillermo Decena expresó que durante cuarenta días, Goliat desafió y humilló al pueblo de Israel, hasta que David se levantó para enfrentarlo en el nombre del Señor (1Samuel 17:40–47). Aunque era joven y no tenía la experiencia militar de su adversario, David contaba con armas espirituales que marcaron la diferencia, veamos lo que dice la Palabra de Dios.
Las cinco piedras representan cinco virtudes espirituales que nos ayudan a enfrentar los gigantes: la adoración, la honra, la santidad, la valentía y, finalmente, la quinta piedra representa: el poder de declarar palabras de victoria.
David no permitió que las amenazas de Goliat definieran el resultado de la batalla. Por el contrario, respondió afirmando su confianza en Dios y declarando la victoria antes de verla manifestada.
En este marco, el Apóstol Guillermo Decena detalló algunos puntos:
1. LAS PALABRAS DE DAVID CANCELARON LAS DEL ENEMIGO
La batalla entre David y Goliat nos recuerda que las palabras pueden edificar o destruir. El enemigo busca debilitarnos mediante la mentira, el temor y las palabras negativas; por eso, necesitamos conocer la Palabra de Dios y tenerla presente en nuestro corazón.
Colosenses 3:16 nos enseña que la palabra de Cristo debe habitar abundantemente en nosotros. No alcanza con escucharla ocasionalmente: debemos conocerla, meditar en ella y aprender a proclamarla con fe.
Cuando aparecen pensamientos de derrota, debemos responder afirmándonos en las promesas de Dios. Por ejemplo, frente al temor a la muerte, podemos recordar:
«No moriré, sino que viviré, y contaré las obras de JAH» (Salmos 118:17).
La Palabra de Dios es nuestra arma espiritual, descrita en Hebreos 4:12 y Efesios 6:17 como una espada. Por eso, en lugar de darle más fuerza a las amenazas, debemos llenar nuestra boca de verdad, esperanza y confianza en el Señor.
2. DAVID DESECHÓ LAS PALABRAS DE AUTOCOMPASIÓN
David no solo tuvo que enfrentar las amenazas de Goliat; también debió superar las palabras de quienes intentaron desanimarlo.
Su hermano Eliab cuestionó sus intenciones (1 Samuel 17:28), y el rey Saúl le dijo que no podría vencer al gigante porque era joven e inexperto (1 Samuel 17:33). Sin embargo, David no permitió que esas opiniones lo detuvieran. Recordó cómo Dios lo había librado del león y del oso, y confió en que también lo ayudaría frente a Goliat.
La autocompasión puede llevarnos a concentrarnos excesivamente en nuestras heridas, en lo que otros nos hicieron o en lo que creemos que nos falta. Muchas veces se manifiesta mediante la queja, el resentimiento y pensamientos como: «Nadie me valora» o «No puedo superar esto».
Jesús también rechazó las palabras de Pedro cuando este intentó disuadirlo de cumplir su propósito (Mateo 16:22–23). El Señor le señaló que estaba mirando las cosas desde una perspectiva humana y no desde la voluntad de Dios.
Esto nos enseña a examinar nuestras palabras y sentimientos. No se trata de ignorar el dolor, sino de no permitir que la autocompasión gobierne nuestras decisiones. Debemos poner la mirada en Dios, recordar su fidelidad y seguir adelante con fe.
3. LA DECLARACIÓN DE VICTORIA ES UN ARMA ESPIRITUAL
La Biblia enseña que nuestras palabras tienen consecuencias:
«La muerte y la vida están en poder de la lengua» (Proverbios 18:21).
Jesús enseñó que la fe puede enfrentar obstáculos que parecen imposibles (Mateo 21:20–22). Por eso, la declaración de victoria debe formar parte de nuestra vida espiritual: no para imponer nuestra voluntad sobre Dios, sino para afirmar nuestra confianza en Él y actuar conforme a su Palabra.
En Hechos 13:9–12 encontramos el ejemplo de Pablo frente a Elimas, quien se oponía a la predicación del Evangelio. Lleno del Espíritu Santo, Pablo confrontó aquella oposición y anunció que Elimas quedaría ciego temporalmente. El resultado fue que el procónsul creyó, maravillado por la enseñanza del Señor.
Este pasaje nos muestra principios importantes acerca del ejercicio de la autoridad espiritual:
● Ser guiados por el Espíritu Santo: Pablo actuó lleno del Espíritu, no movido por intereses personales.
● Buscar el propósito de Dios: su intervención se produjo en medio de la proclamación del evangelio.
● Actuar con una perspectiva de redención: el objetivo no era la venganza personal, sino que la oposición al evangelio fuera confrontada y el procónsul pudiera creer.
● Buscar el bien del pueblo de Dios: la autoridad y los dones espirituales deben servir a la iglesia y a la expansión del Reino, no al beneficio egoísta de una persona.
La quinta piedra nos recuerda que debemos aprender a declarar la Palabra de Dios con fe, rechazar las palabras que nos conducen a la derrota y no quedar atrapados en la autocompasión.
David no puso su confianza en su propia capacidad, sino en el Dios de Israel. Su declaración fue una expresión de esa confianza: «Jehová te entregará hoy en mi mano» (1 Samuel 17:46).
Al igual que David, estamos llamados a enfrentar nuestros gigantes espirituales con las armas que Dios nos da. Que nuestra boca no sea instrumento de queja, temor o derrota, sino un medio para proclamar la verdad, fortalecer la fe y bendecir a otros.
Las cinco piedras de la victoria nos recuerdan que la adoración, la honra, la santidad, la valentía y el poder de la palabra declarada deben formar parte de nuestra vida espiritual.
Que Dios te bendiga te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!
Apóstol Guillermo Decena
Victory Church








