El Apóstol Guillermo Decena expresó que el libro de Efesios dice que en cada generación, Dios está edificando su casa, la iglesia en la tierra, y cada una necesita recibir apóstoles y profetas, asegurándose de que el fundamento de la iglesia en cada generación esté debidamente establecido, veamos lo que dice la Palabra de Dios.
«Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesús Cristo mismo” (Efesios 2:20)
Las Escrituras dicen que la iglesia está edificada sobre el fundamento de apóstoles y profetas, refiriéndose a los profetas del Nuevo Testamento. En cada generación, Dios está edificando su casa, la iglesia en la tierra, y cada una necesita recibir apóstoles y profetas, asegurándose de que el fundamento de la iglesia en cada generación esté debidamente establecido. (Efesios 3:5)
Otra importante Escritura a considerar nos es dada en 1 Corintios 12:28. Por un lado, necesitamos apóstoles que reciban la revelación de la palabra; también necesitamos profetas que den a conocer esa revelación y traigan entendimiento a la iglesia; y finalmente, necesitamos maestros que estén cimentados en los fundamentos del misterio de Cristo, habiendo recibido esos cimientos a través de los apóstoles y profetas. Cuando esto suceda, la iglesia estará en camino hacia la «unidad de la fe y el conocimiento del Hijo de Dios” (Efesios 4:13).
En este marco, el Apóstol Guillermo Decena detalló algunos puntos sobre los profetas en el libro de los Hechos.
1. Los profetas son enviados.
La primera mención de los profetas en el libro de Hechos la encontramos en Hechos 11:27:
«En aquellos días, unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía». Jerusalén era la iglesia madre y Antioquía era una iglesia hija en la región.
Los profetas vinieron de la iglesia madre, a la iglesia en Antioquía. No aparecieron, ¡fueron enviados! Los profetas deben ser enviados desde una base establecida. Sin un manto espiritual, no podrán desempeñar sus roles y funciones como la iglesia lo necesita.
2. Los profetas se vinculan con otros ministerios.
(Hechos 13:1) Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo.
La iglesia en Antioquía claramente estaba siendo bendecida por profetas y maestros. Esto nos demuestra como los profetas pueden estar en el equipo ministerial de una iglesia local, y es más, son necesarios para el crecimiento de la misma, siempre en conexión con los demás ministerios que la componen. Es un trabajo en equipo que potencia la edificación del Cuerpo.
3. El profeta habla la palabra del Señor.
Estos profetas y maestros estaban ministrando al Señor y ayunando, y el Espíritu Santo habló diciendo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado» (v.2).
Un factor muy importante a destacar es que los profetas necesitan y deben pasar tiempo ministrando al Señor en oración y ayuno, sabiendo que Dios hablará para conocer su voluntad. Los profetas pueden hablar por visiones que les son mostradas, pronunciarse directamente por el Espíritu Santo, dar una profecía personal o predecir un evento futuro, como la hambruna profetizada por Ágabo. Lo importante siempre es reconocer que es palabra del Señor, no de humano alguno.
4. El llamado al ministerio puede cambiar
(Hechos 14:14) «Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces».
Pablo y Bernabé ahora son llamados apóstoles. El ministerio de una persona puede cambiar, puesto que aquí tenemos un profeta y un maestro que ahora funcionan como apóstoles. Esta fue la voluntad de Dios revelada por el Espíritu Santo.
5. Los profetas exhortan y fortalecen.
(Hechos 15:32) «Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabras».
Del versículo 32 aprendemos que Judas y Silas eran profetas, y debido a su rol, parte de su tarea era confirmar y consolar. El ministerio del profeta está destinado a exhortar y fortalecer a los hermanos, a ministrar al cuerpo corporativo de creyentes.
No tiene otro fin, ni condenación, ni miedo. El propósito de la profecía siempre será el mismo, necesario para la edificación y crecimiento de la iglesia de Cristo (1 Corintios 14:3).
6. La palabra profética trae confirmación.
Debemos notar que la profecía dada a Pablo por Ágabo, no fue una nueva revelación. Pablo ya había escuchado a Dios y sabía que el sufrimiento lo aguardaba en Jerusalén.
» Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades, me da testimonio diciendo que me esperan cadenas y tribulaciones» (Hechos 20: 22–23).
Muchas veces, la palabra no vendrá con algo novedoso o nunca antes pensado, sino a confirmar lo que Dios de diferentes formas ya ha hablado.
Ahora, la gran pregunta que divide a muchos en un intenso debate es: ¿Hasta cuándo estará el mnisterio profético? La Biblia es clara.
«El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; más cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará» (1 Corintios 13:8).
Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!
Apóstol Guillermo Decena
Victory Church





