20 de abril de 2026

Qué son las várices y las arañitas y cuáles son los mejores tratamientos para combatirlas, según una especialista

Qué son las várices y las arañitas y cuáles son los mejores tratamientos

Mueblería HyG

Las várices y las arañi­tas son más que una cuestión estéti­ca. Así lo explicó la Dra. Tama­ra Matkos­ki, médi­ca ciru­jana y fle­bólo­ga, en diál­o­go con el pro­gra­ma de stream­ing Sala Cin­co, trans­mi­ti­do por Misiones Online. Allí, se cen­tró en la com­pren­sión y el abor­da­je de esta enfer­medad vas­cu­lar que afec­ta a gran parte de la población.

Las várices, dijo Matkos­ki, son venas dilatadas que sufrieron algún daño estruc­tur­al a causa de un fal­lo en los mecan­is­mos que per­miten el retorno venoso al corazón. “Todos ten­emos venas en nue­stro cuer­po. Las várices son venas dilatadas, una dilat­ación pro­lon­ga­da que gen­era un daño en las pare­des”, explicó.

Las arañi­tas, tam­bién cono­ci­das como telang­iec­tasias, son una for­ma más super­fi­cial y pequeña de várices. “Son várices de has­ta un milímetro, es decir, son muy chiq­ui­ti­tas y por lo gen­er­al son las que están más super­fi­ciales en la piel”, detal­ló. Advir­tió, además, que su pres­en­cia no es menor, pues pueden ser indi­cio de algo más grave. “Pueden o no estar aso­ci­adas a una enfer­medad más pro­fun­da como una insu­fi­cien­cia venosa”, dijo.

Con­sul­ta­da por los tratamien­tos disponibles, la fle­bólo­ga afir­mó que exis­ten múlti­ples téc­ni­cas. “Para las várices más super­fi­ciales, como las telang­iec­tasias, en mi caso me gus­ta mucho la téc­ni­ca de escle­roter­apia”, señaló, y pre­cisó que se tra­ta de pro­ced­imien­tos ambu­la­to­rios que con­sis­ten en inyec­tar un medica­men­to, ya sea en for­ma de espuma o líqui­da, luego de una eval­u­ación clíni­ca com­ple­ta.

Sobre las causas, man­i­festó que son mul­ti­fac­to­ri­ales, aunque hay antecedentes que sue­len repe­tirse. “Primero ten­emos la car­ga genéti­ca. Por lo gen­er­al, los pacientes que vienen con várices tienen el antecedente de ten­er a su mamá, a su papá, a su abue­lo que tuvieron várices”, dijo.

A esto se suman fac­tores no mod­i­fi­ca­bles como el sexo, con una clara desven­ta­ja para las mujeres. “Una mujer tiene cin­co veces más posi­bil­i­dades de ten­er várices que un hom­bre”, afir­mó la doc­to­ra. Matkos­ki atribuyó esta difer­en­cia prin­ci­pal­mente a la car­ga hor­mon­al y a cier­tos momen­tos biológi­cos como el embara­zo, que pre­dispo­nen la apari­ción de la enfer­medad.

En cuan­to a los fac­tores mod­i­fi­ca­bles, men­cionó la activi­dad diaria, el tipo de tra­ba­jo y la fal­ta de ejer­ci­cio. “Per­sonas que están mucho tiem­po sen­tadas o, por ejem­p­lo, mucho tiem­po de pie, son más propen­sas”, indicó. Pro­fe­siones como pelu­quero o ciru­jano, que son oblig­a­dos a estar de pie durante varias horas, son más pro­clives.

La may­oría de los pacientes con várices, según observó, no real­iza activi­dad físi­ca ade­cua­da. Sobre el caso de los hom­bres, desmintió que estén exen­tos, aunque recono­ció que con­sul­tan menos. “Por ahí, como la parte estéti­ca no les moles­ta tan­to como a una mujer, con­sul­tan menos. Y la may­oría de los casos mas­culi­nos son casos bas­tante más avan­za­dos”, indicó.

Respec­to al ini­cio de los sín­tomas, Matkos­ki aclaró que no hay una edad especí­fi­ca, aunque pueden pre­sen­tarse des­de eta­pas tem­pranas de la vida. “Podemos ten­er várices o podemos ten­er sen­sación de pesadez en las pier­nas, que es un sín­toma muy car­ac­terís­ti­co”, detal­ló, y agregó que tam­bién pueden apare­cer moles­tias, dolor o hin­c­hazón en los tobil­los.

Las medias de com­pre­sión, una alter­na­ti­va muy usa­da, están indi­cadas en dis­tin­tos momen­tos, según dijo. “Un paciente con insu­fi­cien­cia venosa tiene indi­cación de uti­lizar medias de com­pre­sión grad­u­a­da, que son las que indicamos en con­sul­to­rio”, explicó. Tam­bién exis­ten ver­siones de uso pre­ven­ti­vo que ayu­dan a la recu­peración mus­cu­lar, espe­cial­mente en per­sonas que hacen activi­dad físi­ca.

Este tipo de medias pueden asimis­mo ser usadas durante activi­dades lab­o­rales, aunque con algunos per­os. “De todas for­mas, lo mejor es siem­pre con­sul­tar con un espe­cial­ista, más si pre­sen­tás algún tipo de sín­toma”. Además, acon­se­jó adap­tar cier­tos hábitos. “Si el paciente está mucho tiem­po sen­ta­do, que cada una hora se lev­ante y estire o real­ice ejer­ci­cios, que por ahí tam­bién se enseñan en con­sul­to­rio”, dijo.

Final­mente, para quienes detecten sín­tomas o quier­an con­sul­tar, la doc­to­ra infor­mó que atiende en el Sana­to­rio Simes y en el Hos­pi­tal Madaria­ga, donde for­ma parte del staff de fle­bología.

Fuente: Misiones Online

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