Myrian Martínez, madre de una egresada de la Escuela de Comercio N.º 19, relató el momento en que se enteraron, a solo horas del evento, de que no había nada pago. La estafa superó los 17 millones de pesos y dejó una fuerte huella emocional en las familias.
“Fue un shock muy fuerte”, repite Myrian Martínez mientras intenta poner en palabras lo que vivieron el viernes previo a la recepción. Diez horas antes de la fiesta, el salón llamó para avisar que el evento estaba suspendido porque no se habían efectuado los pagos. Hasta ese momento, los padres creían que todo estaba en orden.
La madre explicó que, al llegar al salón, se encontraron con una realidad devastadora: no había catering, ni DJ, ni sonido, ni iluminación pagos. Solo estaba abonada la seña del lugar. “Nos dimos cuenta de que habíamos pagado dos recepciones”, aseguró, al contar que debieron reorganizar todo desde cero en apenas cinco horas.
Más allá del daño económico —unos 480 mil pesos por alumno—, Myrian hizo hincapié en el impacto emocional. “Hubo una estafa emocional también”, dijo. Proyectos soñados como el uso de pantallas con fotos de la infancia de los chicos quedaron truncos. “Es un daño que no se mide en plata”, expresó.
La situación afectó la salud de varias personas. “Hubo padres con presión alta, con problemas de salud”, relató. En un contexto de crisis económica, el dinero perdido representa un esfuerzo enorme para cada familia, reunido mes a mes desde abril para llegar tranquilos a diciembre.
Pese a todo, destacó la solidaridad entre los padres y proveedores, que confiaron en su palabra para que la recepción pudiera realizarse. “Esta experiencia tiene que servir como aprendizaje. Nunca más sin comprobantes”, reflexionó, aún conmovida.





