21 de abril de 2026

“Era tan paciente, tan tranquilo”: el testimonio de la esposa de una víctima del colectivo que cayó al arroyo Yazá

Mueblería HyG

A tres días del trági­co acci­dente en la Ruta 14, Priscila Raquel Antúnez, esposa de Elian Alvez —uno de los nueve fal­l­e­ci­dos—, relató el due­lo, la incer­tidum­bre y los sueños trun­ca­dos que dejó la trage­dia.

A tres días del fatal sinie­stro vial ocur­ri­do el domin­go sobre la Ruta Nacional 14, en el que un colec­ti­vo de la empre­sa Sol del Norte chocó de frente con un Ford Focus y cayó al arroyo Yazá, con­tinúan surgien­do his­to­rias que refle­jan el costa­do más humano de la trage­dia. Una de ellas es la de Priscila Raquel Antúnez, esposa de Elian Alvez, de 29 años, una de las nueve víc­ti­mas fatales del acci­dente.

“No sé cómo expli­car­lo, no cai­go real­mente. Es muy doloroso, es muy feo todo lo que está pasan­do y enci­ma ten­emos que con­tin­uar la vida como si nada pasó”, expresó Priscila, quien via­jó des­de Mon­te­car­lo has­ta Oberá en bus­ca de respues­tas.

Entre lágri­mas, recordó el momen­to en que regresó al depar­ta­men­to de su esposo: “Llegué al depar­ta­men­to a bus­car­le ropa para el velo­rio y esta­ba ahí su ter­eré a medio tomar. Sigo pen­san­do que voy a volver a Oberá y voy a encon­trar­lo cocinán­dome el guiso, tejién­dome algo en cro­chet o arreg­lan­do algo en la casa. Era tan paciente, tan tran­qui­lo”.

La joven relató las horas de deses­peración que vivió has­ta con­fir­mar el des­ti­no de su pare­ja. “No sabíamos dónde esta­ba, si en el Sam­ic de Oberá o en el hos­pi­tal de Cam­po Viera. Fuimos has­ta el lugar del acci­dente a bus­car infor­ma­ción. Vi cómo esta­ba el puente, destru­i­do, y el colec­ti­vo como si alguien vino y aplas­tó una lata. Fue muy feo”.

El momen­to del reconocimien­to fue uno de los más difí­ciles. “Tuvi­mos que iden­ti­ficar el cuer­po, sus perte­nen­cias, todo. Cuan­do fue el velo­rio de él me tocó bus­car­le la ropa y llegué al depar­ta­men­to y esta­ba ahí su ter­eré a medio tomar.”

Elian había via­ja­do solo a votar y plane­a­ba regre­sar ese mis­mo día para tra­ba­jar. “Él no había dormi­do en la noche para no quedarse dormi­do. Me dijo que iba en Didi has­ta allá. Venía a votar nada más y se iba en el día para seguir tra­ba­jan­do, para que no falte nada en la sem­ana”, con­tó.

Con­movi­da, Priscila habló de los planes de vida trun­ca­dos: “Yo lo escogí para que sea mi esposo. Íbamos a lle­gar a vieji­tos jun­tos, sen­tarnos en la galería afuera. Son tan­tos planes que se desmoronaron. Real­mente no sé cómo seguir”.

A pesar del dolor, la joven encuen­tra con­sue­lo en su fe: “Como adven­tista, con­fío en una bel­la prome­sa que Dios nos acer­ca, que es volver a reen­con­trarnos. Prepararnos nomás para ese día cuan­do él llegue. Yo sé que Elian aho­ra duerme nomás”.

Final­mente, lo recordó como un hom­bre amable, detallista y de pro­fun­da fe: “Antes de via­jar a Posadas para una activi­dad, me dejó empanadas en un táper para el almuer­zo. A la vuelta me fue a bus­car a la ter­mi­nal, me tra­jo una campera y me cortó man­zanas en for­ma de cone­ji­to. Tenía tan­tos detalles este hom­bre… Él era una cebol­la, decía yo, porque tenía capas y capas que des­blo­quear. Era tími­do, calla­do, pero con­mi­go era otra cosa. Fue mi esposo, fue muy aten­to, ama­ba a Dios y me insta­ba a amar­lo tam­bién a mí”.

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