23 de abril de 2026

El ataque de Trump a Venezuela es ilegal e imprudente — El Editorial del New York Times

El ataque de Trump a Venezuela es ilegal e imprudente - El Editorial del New York Times

Mueblería HyG

En los últi­mos meses, el pres­i­dente Trump ha desple­ga­do una impo­nente fuerza mil­i­tar en el Caribe para ame­nazar a Venezuela. Has­ta aho­ra, el pres­i­dente de Esta­dos Unidos había uti­liza­do esa fuerza —un por­taaviones, al menos otros siete buques de guer­ra, dece­nas de aviones y 15.000 sol­da­dos esta­dounidens­es— en ataques ile­gales con­tra pequeñas embar­ca­ciones que, él afir­ma, trans­porta­ban dro­gas. Este fin de sem­ana, Trump inten­si­ficó drás­ti­ca­mente su cam­paña al cap­turar al pres­i­dente de Venezuela, Nicolás Maduro, como parte de lo que denom­inó “un ataque a gran escala” con­tra el país.

Pocas per­sonas sen­tirán sim­patía por Maduro. Es anti­democráti­co y repre­si­vo, y ha deses­ta­bi­liza­do el hem­is­fe­rio occi­den­tal en los últi­mos años. Naciones Unidas pub­licó recien­te­mente un informe en el que se detal­lan más de una déca­da de asesinatos, tor­turas, vio­len­cia sex­u­al y deten­ciones arbi­trarias por parte de sus agentes con­tra sus opo­nentes políti­cos. Se robó las elec­ciones pres­i­den­ciales de Venezuela el año pasa­do. Ha ali­men­ta­do per­tur­ba­ciones económi­cas y políti­cas en toda la región al insti­gar un éxo­do de casi ocho mil­lones de migrantes.

Sin embar­go, si existe una lec­ción pri­mor­dial de las rela­ciones inter­na­cionales esta­dounidens­es del siglo pasa­do, es que inten­tar der­ro­car inclu­so al rég­i­men más deplorable puede empe­o­rar las cosas. Esta­dos Unidos pasó 20 años sin con­seguir crear un gob­ier­no estable en Afgan­istán y susti­tuyó una dic­tadu­ra en Lib­ia por un Esta­do frac­tura­do. Las con­se­cuen­cias trág­i­cas de la guer­ra de 2003 en Irak siguen per­sigu­ien­do a Esta­dos Unidos y al Medio Ori­ente. Quizá lo más rel­e­vante sea el hecho de que Esta­dos Unidos ha deses­ta­bi­liza­do esporádica­mente país­es lati­noamer­i­canos, como Chile, Cuba, Guatemala y Nicaragua, inten­tan­do der­ro­car a un gob­ier­no por la fuerza.

Trump aún no ha ofre­ci­do una expli­cación coher­ente de sus acciones en Venezuela. Está empu­jan­do a nue­stro país hacia una cri­sis inter­na­cional sin razones vál­i­das. Si Trump quiere argu­men­tar lo con­trario, la Con­sti­tu­ción establece lo que debe hac­er: acud­ir al Con­gre­so. Sin la aprobación del Con­gre­so, sus acciones violan la ley de Esta­dos Unidos.

La jus­ti­fi­cación nom­i­nal del aven­tureris­mo mil­i­tar del gob­ier­no es destru­ir a los “nar­coter­ror­is­tas”. A lo largo de la his­to­ria, los gob­ier­nos han cal­i­fi­ca­do de ter­ror­is­tas a los diri­gentes de naciones rivales, tratan­do de jus­ti­ficar las incur­siones mil­itares como opera­ciones poli­ciales. La afir­ma­ción es espe­cial­mente ridícu­la en este caso, dado que Venezuela no es un pro­duc­tor sig­ni­fica­ti­vo de fen­tani­lo ni de las otras dro­gas que han dom­i­na­do la reciente epi­demia de sobre­do­sis en Esta­dos Unidos, y la cocaí­na que sí pro­duce fluye prin­ci­pal­mente a Europa. Mien­tras Trump ha esta­do ata­can­do a las embar­ca­ciones vene­zolanas, tam­bién indultó a Juan Orlan­do Hernán­dez, quien dirigió una exten­sa operación de nar­cotrá­fi­co cuan­do fue pres­i­dente de Hon­duras de 2014 a 2022.

Una expli­cación más plau­si­ble de los ataques a Venezuela puede encon­trarse, en cam­bio, en la recien­te­mente pub­li­ca­da Estrate­gia de Seguri­dad Nacional de Trump. En ella se reivin­di­ca el dere­cho a dom­i­nar Lati­noaméri­ca: “Tras años de aban­dono, Esta­dos Unidos reafir­mará y apli­cará la Doc­t­ri­na Mon­roe para restau­rar la pre­em­i­nen­cia esta­dounidense en el Hem­is­fe­rio Occi­den­tal”. En lo que el doc­u­men­to denom­inó el “Coro­lario Trump”, el gob­ier­no prometió redesple­gar fuerzas de todo el mun­do en la región, deten­er a los traf­i­cantes en alta mar, uti­lizar la fuerza letal con­tra migrantes y nar­co­traf­i­cantes y, poten­cial­mente, insta­lar más sol­da­dos esta­dounidens­es en la región.

Al pare­cer, Venezuela se ha con­ver­tido en el primer país someti­do a este impe­ri­al­is­mo de los últi­mos tiem­pos, y rep­re­sen­ta un enfoque peli­groso e ile­gal del lugar de Esta­dos Unidos en el mun­do. Al pro­ced­er sin ningún atis­bo de legit­im­i­dad inter­na­cional, autori­dad legal vál­i­da o respal­do nacional, Trump se arries­ga a dar una jus­ti­fi­cación a los autori­tar­ios de Chi­na, Rusia y otros país­es que quieren dom­i­nar a sus pro­pios veci­nos. De for­ma más inmedi­a­ta, ame­naza con repro­ducir la arro­gan­cia esta­dounidense que con­du­jo a la invasión de Irak en 2003.

Como can­dida­to pres­i­den­cial, Trump parecía recono­cer los prob­le­mas de la extralim­itación mil­i­tar. En 2016, fue el úni­co políti­co repub­li­cano que denun­ció la insen­satez de la guer­ra de Irak del pres­i­dente George W. Bush. En 2024, dijo: “No voy a empezar una guer­ra. Voy a deten­er guer­ras”.

Aho­ra está aban­do­nan­do este prin­ci­pio, y lo está hacien­do de man­era ile­gal. La Con­sti­tu­ción exige que el Con­gre­so apruebe cualquier acto de guer­ra. Sí, los pres­i­dentes a menudo sobrepasan los límites de esta ley. Pero inclu­so Bush buscó y recibió el respal­do del Con­gre­so para su invasión de Irak, y los pres­i­dentes des­de Bush han jus­ti­fi­ca­do su uso de ataques con drones con­tra gru­pos ter­ror­is­tas y sus par­tidar­ios con una ley de 2001 que autor­izó la acción tras los aten­ta­dos del 11 de sep­tiem­bre. Trump no tiene ni siquiera un pre­tex­to de autori­dad legal para val­i­dar sus ataques con­tra Venezuela.

Los debates del Con­gre­so sobre la acción mil­i­tar desem­peñan un papel democráti­co cru­cial. Detienen el aven­tureris­mo mil­i­tar obligan­do al pres­i­dente a jus­ti­ficar sus planes de ataque ante la opinión públi­ca y exigien­do a los miem­bros del Con­gre­so que vin­culen su propia cred­i­bil­i­dad a esos planes. Durante años, tras la votación sobre la guer­ra de Irak, los demócratas que apo­yaron a Bush, inclu­i­dos Hillary Clin­ton y John Ker­ry, pagaron un pre­cio políti­co, mien­tras que quienes criti­caron la guer­ra, como Bernie Sanders y Barack Oba­ma, lle­garon a ser con­sid­er­a­dos proféti­cos.

En el caso de Venezuela, un debate en el Con­gre­so pon­dría al des­cu­bier­to la frag­ili­dad de la lóg­i­ca de Trump. Su gob­ier­no ha jus­ti­fi­ca­do sus ataques con­tra las pequeñas embar­ca­ciones ale­gan­do que supo­nen una ame­naza inmedi­a­ta para Esta­dos Unidos. Pero un grupo vari­a­do de exper­tos jurídi­cos y mil­itares han rec­haz­a­do esta afir­ma­ción, y el sen­ti­do común tam­bién la refu­ta. Un inten­to de intro­ducir dro­gas de con­tra­ban­do en Esta­dos Unidos —si es que, de hecho, todas las embar­ca­ciones lo esta­ban hacien­do— no es un inten­to de der­ro­car al gob­ier­no o der­ro­tar a su ejérci­to.

Sospechamos que Trump se ha nega­do a solic­i­tar la aprobación del Con­gre­so para sus acciones, en parte porque sabe que inclu­so algunos repub­li­canos del Con­gre­so son pro­fun­da­mente escép­ti­cos sobre la direc­ción que está lle­van­do a este país. Los senadores Rand Paul y Lisa Murkows­ki y los rep­re­sen­tantes Don Bacon y Thomas Massie —todos ellos repub­li­canos— ya han respal­da­do leg­is­la­ciones que lim­i­tarían las acciones mil­itares de Trump con­tra Venezuela.

Un segun­do argu­men­to con­tra los ataques de Trump a Venezuela es que violan el dere­cho inter­na­cional. Al bom­bardear las pequeñas embar­ca­ciones que Trump dice que traf­i­can con dro­gas, ha mata­do a per­sonas basán­dose en la mera sospecha de que han cometi­do un deli­to y no les ha dado ningu­na opor­tu­nidad de defend­er­se. Las Con­ve­nios de Gine­bra de 1949 y todos los prin­ci­pales trata­dos de dere­chos humanos pos­te­ri­ores pro­híben este tipo de eje­cu­ciones extra­ju­di­ciales. Tam­bién lo hace la leg­is­lación esta­dounidense.

El gob­ier­no parece haber mata­do a per­sonas inde­fen­sas. En un ataque, la Mari­na real­izó un segun­do ataque con­tra una embar­cación ya destru­i­da, unos 40 min­u­tos después del primer ataque, matan­do a dos marineros que se aferra­ban a los restos de la embar­cación y no parecían rep­re­sen­tar ningu­na ame­naza. Como ha escrito nue­stro cole­ga David French, exabo­ga­do del ejérci­to esta­dounidense: “Lo que sep­a­ra la guer­ra del asesina­to es la ley”.

Los argu­men­tos jurídi­cos con­tra las acciones de Trump son los más impor­tantes, pero tam­bién existe un argu­men­to real­ista si se ve con analíti­ca­mente. No son del interés de la seguri­dad nacional de Esta­dos Unidos. Lo más pare­ci­do a una analogía alen­ta­do­ra es la invasión de Panamá por el pres­i­dente George H. W. Bush hace 36 años este mes, que expul­só del poder al dic­ta­dor Manuel Nor­ie­ga y ayudó a encam­i­nar a Panamá hacia la democ­ra­cia. Sin embar­go, Venezuela es difer­ente en aspec­tos impor­tantes. Panamá es un país mucho más pequeño, y fue un país en el que fun­cionar­ios y sol­da­dos esta­dounidens­es habían oper­a­do durante décadas debido al canal de Panamá.

El poten­cial de caos en Venezuela parece mucho may­or. A pesar de la cap­tura de Maduro, los gen­erales que han apun­ta­l­a­do su rég­i­men no desa­pare­cerán de repente. Tam­poco es prob­a­ble que entreguen el poder a María Cori­na Macha­do, la figu­ra de la oposi­ción cuyo movimien­to parece haber gana­do las últi­mas elec­ciones del país y quien acep­tó el Pre­mio Nobel de la Paz el mes pasa­do.

Entre las posi­bles con­se­cuen­cias neg­a­ti­vas está la posi­bil­i­dad de un aumen­to de la vio­len­cia por parte del grupo mil­i­tar colom­biano de izquier­da ELN, que tiene un pun­to de apoyo en la zona occi­den­tal de Venezuela, o por parte de los gru­pos para­mil­itares cono­ci­dos como “colec­tivos” que han oper­a­do en la per­ife­ria del poder bajo la dic­tadu­ra de Maduro. Nuevos dis­tur­bios en Venezuela podrían deses­ta­bi­lizar los mer­ca­dos mundi­ales de la energía y los ali­men­tos y empu­jar a más migrantes por todo el hem­is­fe­rio.

Entonces, ¿cómo debe abor­dar Esta­dos Unidos el con­tin­uo prob­le­ma que sig­nifi­ca Venezuela para la región y los intere­ses esta­dounidens­es? Com­par­ti­mos las esper­an­zas de los vene­zolanos deses­per­a­dos, algunos de los cuales han defen­di­do la inter­ven­ción. Pero no hay respues­tas fáciles. A estas alturas, el mun­do debería com­pren­der los ries­gos de un cam­bio de rég­i­men.

Man­ten­dremos la esper­an­za de que la cri­sis actu­al acabe menos mal de lo que esper­amos. Temem­os que el resul­ta­do del aven­tureris­mo de Trump se traduz­ca en un may­or sufrim­ien­to para los vene­zolanos, un aumen­to de la inesta­bil­i­dad region­al y un daño duradero para los intere­ses de Esta­dos Unidos en todo el mun­do. Sabe­mos que el beli­cis­mo de Trump vio­la la ley.

Por El Comité Editorial del New York Times

El Comité Edi­to­r­i­al está con­for­ma­do por un grupo de peri­odis­tas de opinión cuyos pun­tos de vista se basan en su expe­ri­en­cia, inves­ti­gación, debates y unos val­ores muy arraiga­dos. Es inde­pen­di­ente de la sala de redac­ción.

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