La UNaM distinguió a León Gieco con el Doctor Honoris Causa, en una emotiva ceremonia donde el músico repasó su vida, su compromiso social y el papel de sus canciones en la memoria colectiva.
En una ceremonia cargada de emoción, la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) otorgó este jueves el título de Doctor Honoris Causa a León Gieco en el auditorio La Tierra sin Mal de Posadas. El reconocimiento destacó su “mérito social-cultural”, su compromiso con la música popular y su trayectoria ligada a la defensa de los derechos humanos. Frente a un auditorio repleto, Gieco ofreció un discurso íntimo, en el que repasó su infancia, sus primeros pasos artísticos y los hitos de una carrera que lo convirtió en un referente de la canción social argentina.
“Yo no me recibí de historiador, pero sí he contado la historia y voy a seguir contándola a través de las canciones”, expresó el músico durante uno de los momentos más celebrados. Con humor y nostalgia, evocó su niñez en Cañada Rosquín, su primer acordeón verde —un regalo de su padre— y las mañanas en que lo acompañaba a ordeñar vacas “que tenían nombre y a las que él les cantaba”. Aquellos recuerdos, aseguró, fueron el germen de una vida guiada por la música.
Gieco recordó cómo, a los ocho años, ya tocaba en pueblos vecinos y cómo formó su primer conjunto folclórico, Los Nocheros, antes de integrar una banda de rock, Los Moscos. Confesó que su sueño inicial era grabar un simple en Buenos Aires y retornar a su pueblo para abrir “una verdulería o un bar”. Sin embargo, el destino le tenía reservado otro camino: “Terminé componiendo más de 350 canciones y grabando 45 discos”.
En su repaso por momentos clave de su obra, mencionó la creación de “Hombres de hierro” en 1970, inspirada en las protestas sociales de Mendoza y Rosario, así como “Sólo le pido a Dios”, escrita en plena tensión limítrofe con Chile. “Me dijeron que no podía cantar una canción de paz en época de guerra”, recordó al hablar de la censura que enfrentó.
También dedicó parte de su discurso a su vínculo con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, con quienes compartió escenarios y luchas. Evocó la composición de “Semillas del corazón” en 1986, dedicada a los niños desaparecidos restituidos, canción que interpretó junto a Estela de Carlotto.
Hacia el cierre, habló de su último trabajo discográfico, inspirado en la obra de Claudia Fontes emplazada en el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA), y dedicado a Pablo Míguez, el niño de 13 años desaparecido durante la dictadura. “Todo el disco está dedicado a eso —señaló—. Una de las letras dice: ‘Hemos visto borrar de un plumazo un pueblo, casas, niños, madres, jóvenes, padres y abuelos’”.
La ceremonia concluyó con un mensaje enviado por el gobernador de Misiones, quien subrayó que “Gieco fue una voz fundamental para la recuperación de la democracia en 1983”. El artista agradeció el reconocimiento y, con la humildad que lo caracteriza, cerró diciendo: “Me hubiese gustado estudiar Historia, pero se ve que salió por otro lado”.
Entre aplausos y emoción, León Gieco reafirmó que su obra sigue siendo —como él mismo expresó— “una forma de contar la historia de todos”.
Con información de El Territorio




