18 de abril de 2026

León Gieco recibió el Doctor Honoris Causa de la UNaM y repasó su vida a través de la música

Mueblería HyG

La UNaM dis­tin­guió a León Gieco con el Doc­tor Hon­oris Causa, en una emo­ti­va cer­e­mo­nia donde el músi­co repasó su vida, su com­pro­miso social y el papel de sus can­ciones en la memo­ria colec­ti­va.

En una cer­e­mo­nia car­ga­da de emo­ción, la Uni­ver­si­dad Nacional de Misiones (UNaM) otorgó este jueves el títu­lo de Doc­tor Hon­oris Causa a León Gieco en el audi­to­rio La Tier­ra sin Mal de Posadas. El reconocimien­to destacó su “méri­to social-cul­tur­al”, su com­pro­miso con la músi­ca pop­u­lar y su trayec­to­ria lig­a­da a la defen­sa de los dere­chos humanos. Frente a un audi­to­rio reple­to, Gieco ofre­ció un dis­cur­so ínti­mo, en el que repasó su infan­cia, sus primeros pasos artís­ti­cos y los hitos de una car­rera que lo con­vir­tió en un ref­er­ente de la can­ción social argenti­na.

“Yo no me recibí de his­to­ri­ador, pero sí he con­ta­do la his­to­ria y voy a seguir con­tán­dola a través de las can­ciones”, expresó el músi­co durante uno de los momen­tos más cel­e­bra­dos. Con humor y nos­tal­gia, evocó su niñez en Caña­da Rosquín, su primer acordeón verde —un rega­lo de su padre— y las mañanas en que lo acom­paña­ba a ordeñar vacas “que tenían nom­bre y a las que él les canta­ba”. Aque­l­los recuer­dos, ase­guró, fueron el ger­men de una vida guia­da por la músi­ca.

Gieco recordó cómo, a los ocho años, ya toca­ba en pueb­los veci­nos y cómo for­mó su primer con­jun­to fol­clóri­co, Los Nocheros, antes de inte­grar una ban­da de rock, Los Moscos. Con­fesó que su sueño ini­cial era grabar un sim­ple en Buenos Aires y retornar a su pueblo para abrir “una ver­d­ulería o un bar”. Sin embar­go, el des­ti­no le tenía reser­va­do otro camino: “Ter­miné com­ponien­do más de 350 can­ciones y gra­ban­do 45 dis­cos”.

En su repa­so por momen­tos clave de su obra, men­cionó la creación de “Hom­bres de hier­ro” en 1970, inspi­ra­da en las protes­tas sociales de Men­doza y Rosario, así como “Sólo le pido a Dios”, escri­ta en ple­na ten­sión limítrofe con Chile. “Me dijeron que no podía can­tar una can­ción de paz en época de guer­ra”, recordó al hablar de la cen­sura que enfren­tó.

Tam­bién dedicó parte de su dis­cur­so a su vín­cu­lo con Madres y Abue­las de Plaza de Mayo, con quienes com­par­tió esce­nar­ios y luchas. Evocó la com­posi­ción de “Semi­l­las del corazón” en 1986, ded­i­ca­da a los niños desa­pare­ci­dos resti­tu­i­dos, can­ción que inter­pretó jun­to a Estela de Car­lot­to.

Hacia el cierre, habló de su últi­mo tra­ba­jo discográ­fi­co, inspi­ra­do en la obra de Clau­dia Fontes emplaza­da en el Espa­cio Memo­ria y Dere­chos Humanos (ex ESMA), y ded­i­ca­do a Pablo Míguez, el niño de 13 años desa­pare­ci­do durante la dic­tadu­ra. “Todo el dis­co está ded­i­ca­do a eso —señaló—. Una de las letras dice: ‘Hemos vis­to bor­rar de un pluma­zo un pueblo, casas, niños, madres, jóvenes, padres y abue­los’”.

La cer­e­mo­nia con­cluyó con un men­saje envi­a­do por el gob­er­nador de Misiones, quien sub­rayó que “Gieco fue una voz fun­da­men­tal para la recu­peración de la democ­ra­cia en 1983”. El artista agrade­ció el reconocimien­to y, con la humil­dad que lo car­ac­ter­i­za, cer­ró dicien­do: “Me hubiese gus­ta­do estu­di­ar His­to­ria, pero se ve que sal­ió por otro lado”.

Entre aplau­sos y emo­ción, León Gieco reafir­mó que su obra sigue sien­do —como él mis­mo expresó— “una for­ma de con­tar la his­to­ria de todos”.

Con infor­ma­ción de El Ter­ri­to­rio

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