21 de abril de 2026

La historia de amor de Jorge Bergoglio que no fue: el pasado amoroso del Papa

La historia de amor de Jorge Bergoglio que no fue

Mueblería HyG

En 2013, cuan­do Jorge Mario Bergoglio era cono­ci­do en todo el mun­do como el Papa Fran­cis­co, los ojos del mun­do se dirigieron a su bar­rio natal en Flo­res, Buenos Aires, para des­cubrir detalles sobre su vida antes de con­ver­tirse en el líder de la Igle­sia Católi­ca. Entre los relatos que emergieron, uno de los más sor­pren­dentes fue el de la joven his­to­ria de amor que nun­ca se con­cretó, la de Jorge y su veci­na, Amalia Damonte.

Amalia y su famil­ia vivían a unas casas de los Bergoglio, en el bar­rio de Flo­res, y des­de pequeños, ella y Jorge com­partieron jue­gos y momen­tos de la niñez. En varias entre­vis­tas, Amalia recordó cómo fue la relación con el joven Jorge, al que describía como «un chico cor­rec­to, buen ami­go», y quien para ella rep­re­senta­ba el mod­e­lo de vir­tudes que su madre, Regi­na Sívori, incul­có a sus hijos. Según Amalia, la madre de Jorge era como «una vir­gen María» para ellos, una figu­ra de bon­dad y rec­ti­tud.

Fue en los últi­mos años de la déca­da de 1940, cuan­do Amalia y Jorge tenían ape­nas 12 años, cuan­do comen­zaron a verse con otros ojos. «Un día, me mandó una car­ti­ta dicién­dome que me iba a hac­er una casita cuan­do nos casáramos», relató Amalia, quien aún con­serv­a­ba en su memo­ria el dibu­jo de «una casita blan­ca», el hog­ar ide­al­iza­do que com­partían en su juven­tud. Sin embar­go, los sueños de una vida jun­tos no pasaron del plano de la fan­tasía.

Amalia explicó que su madre encon­tró la car­ta, lo que desató una reac­ción puni­ti­va de su padre. «Fue la úni­ca car­ta que me dio y me costó una bue­na pal­iza de mi padre», relató la mujer, recor­dan­do con tris­teza lo que sig­nificó esa car­ta en su vida. Aunque la relación nun­ca pasó de ser un juego de niños, la conex­ión entre ambos dejó huel­las en sus recuer­dos.

Amalia Damonte, el amor de Bergoglio que nun­ca se con­cretó (Foto: Minuto1).

Con el paso de los años, Jorge Bergoglio tomó un camino muy dis­tin­to al de su veci­na. En algún momen­to de su ado­les­cen­cia, le habría dicho a Amalia: «Si no me caso con vos, me hago cura», una frase que, con el tiem­po, se con­vir­tió en real­i­dad. El joven Jorge, mar­ca­do por su vocación reli­giosa, ingresó al Sem­i­nario Met­ro­pol­i­tano de Buenos Aires tras finalizar la escuela secun­daria, y a los 32 años fue orde­na­do sac­er­dote el 13 de diciem­bre de 1969.

A par­tir de entonces, Jorge Bergoglio empezó su car­rera ecle­siás­ti­ca, que lo lle­varía a con­ver­tirse en el Papa Fran­cis­co en mar­zo de 2013. Mien­tras tan­to, Amalia, quien nun­ca dejó de recor­dar a su antiguo veci­no, con­tin­uó su vida con una pro­fun­da admiración por él. En 2013, en una entre­vista, ella afir­mó: «Creo que él es muy sen­sato, y yo soy así tam­bién. Soy muy humilde. Tal vez, en ese sen­ti­do, podríamos ser almas geme­las. Como somos muy humildes, amamos a los pobres». Así, la figu­ra de Jorge Bergoglio seguía sien­do la de un hom­bre «aten­to y de gran corazón», tal como ella lo había cono­ci­do en su niñez.

A lo largo de los años, Amalia man­tu­vo una amis­tad epis­to­lar con el Papa Fran­cis­co, inter­cam­bian­do car­tas que record­a­ban su antigua amis­tad. Final­mente, Amalia fal­l­e­ció el 24 de enero de 2015, dejan­do atrás una vida mar­ca­da por una relación que nun­ca llegó a ser, pero que siem­pre fue recor­da­da con car­iño y nos­tal­gia.

Así, la his­to­ria de Jorge Bergoglio y Amalia Damonte quedó como un capí­tu­lo entrañable en la biografía del Papa, una his­to­ria de amor que nun­ca fue, pero que demostró que, a veces, las rela­ciones más pro­fun­das per­manecen en la memo­ria como un tes­ti­mo­nio de los vín­cu­los que nos mar­can para siem­pre.

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