17 de abril de 2026

Detuvieron a la madre de Gabriela Benítez, la niña de 12 años que murió tras un intento de suicidio vinculado a abuso sexual

Mueblería HyG

La madre fue deteni­da como parte de la inves­ti­gación por el abu­so que sufría la niña por parte del padras­tro. La Jus­ti­cia res­guardó a los her­manos y avan­za sobre respon­s­abil­i­dades del entorno famil­iar.

La Jus­ti­cia de Misiones detu­vo a la madre de Gabriela Benítez, la niña de 12 años de Colo­nia Vic­to­ria que murió el 17 de noviem­bre luego de un mes de inter­nación tras inten­tar sui­ci­darse. El caso cobró trascen­den­cia por la denun­cia de abu­so sex­u­al que involu­cra­ba al padras­tro, quien ya se encon­tra­ba detenido des­de antes del fal­l­ec­imien­to. Como medi­da de pro­tec­ción, los her­manos menores quedaron al cuida­do de la abuela mater­na.

La docente Gabriela Baray, quien acom­pañó a la estu­di­ante durante dos perío­dos esco­lares, recon­struyó los días pre­vios al hecho y el modo en que la escuela inter­vi­no. Recordó que la niña era reser­va­da y muy tími­da: “Era muy intro­ver­ti­da, muy calla­da. Le costa­ba par­tic­i­par. Hacía tra­ba­jos gru­pales, pero siem­pre con sus dos ami­gu­i­tas”. La maes­tra señaló que nun­ca recibió una rev­elación direc­ta por parte de Gabriela sobre la situación de abu­so.

La dis­tan­cia del núcleo famil­iar adul­to tam­bién se refle­ja­ba en la escuela. “La mamá no era una per­sona pre­sente. El padras­tro me men­cionó que tenían prob­le­mas económi­cos, que había días que no tenían nada para com­er”, relató Baray, quien remar­có que nun­ca pidieron ayu­da insti­tu­cional.

La con­tradic­ción entre los relatos fue uno de los primeros sig­nos de alar­ma. “El padras­tro vino a con­tarnos que la nena se inten­tó sui­ci­dar. Al día sigu­iente, una de sus ami­gas nos cuen­ta que la abus­a­ba. Fue un choque emo­cional enorme”, recordó la docente. Esa declaración de la com­pañera des­en­ca­denó la inter­ven­ción for­mal de la escuela.

Tras acti­varse el pro­to­co­lo, la insti­tu­ción avanzó en la denun­cia. Sin embar­go, surgieron difi­cul­tades en el pro­ced­imien­to: “Pedíamos iden­ti­dad reser­va­da, cosa que no se podía. Cuan­do el ofi­cial pidió el DNI del denun­ciante, mi direc­ti­va no lo facil­itó y ter­miné hacién­do­lo yo”, señaló Baray, quien quedó asen­ta­da como denun­ciante.

La docente tam­bién vis­itó a la niña en el hos­pi­tal. Allí le infor­maron que esta­ba en coma y que ya había tenido un inten­to pre­vio de sui­cidio a los nueve años. Ese dato reforzó la sospecha de que el abu­so era sostenido y pro­lon­ga­do en el tiem­po.

La reciente deten­ción de la madre recon­figu­ra la inves­ti­gación y abre nuevas líneas sobre las respon­s­abil­i­dades del entorno famil­iar. Según fuentes judi­ciales, la mujer habría tenido conocimien­to de la situación de abu­so y habría respon­di­do con vio­len­cia cuan­do la niña inten­tó con­tar lo que ocur­ría.

Baray cer­ró con un men­saje dirigi­do a las famil­ias: “Es impor­tan­tísi­mo que escuchen. Gabi le con­tó a su mamá, pero la mamá le respondió con vio­len­cia. No le quedó otra que hac­er silen­cio, has­ta que pudo hablar con una ami­gu­i­ta. Gra­cias a esa ami­ga hoy hay dos detenidos”.

La causa con­tinúa avan­zan­do con nuevas declara­ciones y análi­sis de con­tex­to para deter­mi­nar las respon­s­abil­i­dades de cada adul­to involu­cra­do en la vida de la niña.

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