21 de abril de 2026

Denuncias a un docente de El Soberbio por supuesta pedofilia: “Tenía manipulación total sobre los chicos, los hacía posar y les sacaba fotos a escondidas”, afirmó un padre

Denuncias a un docente de El Soberbio por supuesta pedofilia

Mueblería HyG

El caso ya suma al menos 13 denun­cias poli­ciales y derivó en la inter­ven­ción de la Escuela de Fron­tera N° 617, con el apartamien­to pre­ven­ti­vo de la direc­to­ra y cin­co docentes. Los padres ase­gu­ran que hubo adver­ten­cias pre­vias y recla­man que la Jus­ti­cia secuestre más prue­bas y deten­ga al edu­cador acu­sa­do. 

La local­i­dad de El Sober­bio sigue con­mo­ciona­da tras cono­cerse denun­cias con­tra un docente de la Escuela de Fron­tera N° 617, acu­sa­do de fotografi­ar a sus alum­nos de sép­ti­mo gra­do, pidién­doles diver­sas pos­es y siem­pre de man­era indi­vid­ual, en un aula de la escuela. La inves­ti­gación judi­cial acu­mu­la al menos 13 denun­cias for­males, mien­tras que el Con­se­jo Gen­er­al de Edu­cación (CGE) dis­pu­so la inter­ven­ción del establec­imien­to y el apartamien­to de la direc­to­ra, cin­co docentes y per­son­al admin­is­tra­ti­vo.

Los padres exi­gen respues­tas más firmes de las autori­dades educa­ti­vas y judi­ciales. Entre ellos, Aldo Pérez, ex alum­no de la insti­tu­ción y padre de una de las niñas, relató en detalle cómo comen­zaron las denun­cias, qué respues­ta reci­bieron y cuáles son las dudas que mantienen en aler­ta a toda la comu­nidad esco­lar.

“Fue una vez más”: el inicio de las denuncias

“Todo comen­zó el pasa­do viernes, cuan­do una madre vino deses­per­a­da a con­tarnos que su hija había lle­ga­do llo­ran­do a su casa y le dijo que había pasa­do ‘una vez más’. Nosotros no entendíamos qué quería decir has­ta que explicó que el mae­stro la había lle­va­do sola al aula, cer­ró las corti­nas y la puer­ta, e inten­tó tomar­le nue­va­mente fotografías”, con­tó Pérez.

Los padres ase­gu­ran que, con el paso de los días, entendieron que los hechos no eran ais­la­dos. “Los chicos venían pade­cien­do esto des­de hacía meses, inclu­so años atrás. Recién cuan­do escuchamos el rela­to com­ple­to com­prendi­mos la gravedad de la situación”, añadió.

Advertencias que no fueron escuchadas

Según el tes­ti­mo­nio, ya en junio se había adver­tido a las autori­dades esco­lares. “El 13 de junio esta madre se acer­có a la maes­tra de sép­ti­mo gra­do y le con­tó lo que esta­ba ocur­rien­do. Ella habló con la direc­to­ra, que tam­bién se enteró ese día. Sin embar­go, sigu­ieron las clases como si nada. Cuan­do los padres ped­i­mos expli­ca­ciones, vimos un cruce de reproches entre docentes, pero nadie actuó”, remar­có.

Pérez cues­tionó dura­mente la acti­tud del super­vi­sor esco­lar. “Yo mis­mo lo llamé para que viniera a hablar con los padres y me clavó el vis­to. No respondió. Al día sigu­iente, cuan­do la pres­i­den­ta del CGE tomó car­tas en el asun­to, recién ahí se vio algu­na acción. Para nosotros, el super­vi­sor tam­bién debe ser aparta­do, porque no cumplió con su rol en el momen­to más críti­co”, sos­tu­vo.

Un docente querido que manipulaba a los niños

Los tes­ti­mo­nios coin­ci­den en que el mae­stro denun­ci­a­do goz­a­ba de gran sim­patía entre los alum­nos. “Era el más queri­do de la escuela. Siem­pre esta­ba rodea­do de chicos en el recreo, llev­a­ba comi­da, com­partía mate, daba rega­los, ofrecía mejores notas a quienes acept­a­ban sus condi­ciones. Todo eso lo usa­ba como her­ramien­ta de manip­u­lación”, explicó Pérez.

El padre detal­ló lo que el acu­sa­do llam­a­ba “el reto de los pies”. “Sep­a­ra­ba a una nena del grupo, la saca­ba inclu­so de otras clases, la llev­a­ba a un aula vacía, cerra­ba las corti­nas y comen­z­a­ba a dar­le instruc­ciones: pon­erse boca aba­jo, lev­an­tar las pier­nas, abrir más la boca, pon­er los ojos en blan­co. Mien­tras tan­to saca­ba 20 o 30 fotos, y los niños cuen­tan que se excita­ba mien­tras lo hacía”, sos­tu­vo.

La denuncia policial y el rol de la Comisaría de la Mujer

Tras el rela­to de la madre, los padres acud­ieron de inmedi­a­to a la Policía. “Ese mis­mo viernes, a las 16.30 ya estábamos en la Comis­aría de la Mujer de El Sober­bio. Quiero resaltar la aten­ción que recibi­mos, fue lo más con­tun­dente y acorde a lo que esperábamos como padres. Hubo agentes que arries­garon su pelle­jo para darnos una mano”, expresó.

Des­de entonces, comen­zaron a acu­mu­la­rse las denun­cias. Hoy son al menos 13 las famil­ias que se pre­sen­taron for­mal­mente, aunque se cree que podrían sur­gir más tes­ti­mo­nios en las próx­i­mas sem­anas.

La investigación judicial y los reclamos por pruebas

Uno de los pun­tos de may­or pre­ocu­pación es la inves­ti­gación judi­cial en cur­so. Según los padres, el docente entregó vol­un­tari­a­mente un telé­fono cuan­do fue cita­do, pero no sería el dis­pos­i­ti­vo que con­tenía el mate­r­i­al. “Los chicos dicen que él usa­ba un iPhone de últi­ma gen­eración para sacar las fotos. En ese apara­to vieron imá­genes de ellos mis­mos y de sus com­pañeros. La Jus­ti­cia tiene que alla­nar y secues­trar todos los dis­pos­i­tivos. No puede quedarse con un celu­lar viejo que el acu­sa­do entregó vol­un­tari­a­mente”, advir­tió Pérez.

Además, señaló que los niños relataron cómo el docente guard­a­ba las fotos en lugares ocul­tos y que inclu­so podrían haber cir­cu­la­do en sitios de ped­ofil­ia en inter­net. “Quer­e­mos que la Jus­ti­cia muestre a la sociedad cómo esta gente hace dinero con las fotos. No esta­mos hablan­do solo de un juego, esta­mos hablan­do de un deli­to gravísi­mo”, insis­tió.

Falta de contención y cambios de escuela

El impacto en los estu­di­antes es evi­dente. Algu­nas famil­ias deci­dieron cam­biar de insti­tu­ción a sus hijos, pese a que fal­tan ape­nas tres meses para el egre­so de sép­ti­mo gra­do. “Nue­stros niños están tristes, muchos no quieren volver a la escuela. Inclu­so algunos llo­ran porque no quieren per­ju­dicar a su mae­stro. Imagí­nense el niv­el de manip­u­lación que ejer­cía sobre ellos”, describió Pérez.

Sobre la asis­ten­cia psi­cológ­i­ca, cues­tionó la fal­ta de un abor­da­je insti­tu­cional. “Has­ta aho­ra no se artic­uló un dis­pos­i­ti­vo de apoyo con­cre­to. Recibi­mos ayu­da ais­la­da de pro­fe­sion­ales del hos­pi­tal, pero no hay un gabi­nete ni un plan de acom­pañamien­to”, lamen­tó.

Dificultades para acceder a representación legal

Otro de los prob­le­mas es el acce­so a la Jus­ti­cia. “El acu­sa­do con­trató un estu­dio de abo­ga­dos caro, y muchos padres ape­nas pueden pagar la luz. A nosotros nos piden 500 mil o has­ta 2 mil­lones de pesos para ini­ciar una querel­la. Cada famil­ia se está arreg­lan­do como puede, pero sabe­mos que cuan­to más querel­lantes seamos, más rápi­do va a avan­zar la causa”, explicó.

En para­le­lo, surgieron ini­cia­ti­vas sol­i­darias de pro­fe­sion­ales que bus­can acom­pañar a las famil­ias, aunque todavía no hay un patrocinio legal unifi­ca­do.

Reclamos finales y exigencias a la Justicia

El malestar de los padres se con­cen­tra aho­ra en el accionar judi­cial. “El juez sub­ro­gante Bel­da Palo­mar no entendió la gravedad del caso. Des­de el viernes le ped­i­mos un allanamien­to para secues­trar los dis­pos­i­tivos, porque un pedó­fi­lo jamás va a entre­gar vol­un­tari­a­mente las prue­bas. Mien­tras tan­to, nosotros seguimos esperan­do que la Jus­ti­cia actúe con la urgen­cia que cor­re­sponde”, expresó Pérez.

Final­mente, el padre remar­có que no se tra­ta solo de un reclamo indi­vid­ual. “Esta­mos pele­an­do no solo por nue­stros hijos, sino por cualquier chico que pue­da pasar por lo mis­mo. Quer­e­mos que la sociedad entien­da que esto no es un juego ni una activi­dad esco­lar. Es un deli­to, y tiene que ten­er con­se­cuen­cias”, con­cluyó.

Fuente: Misiones Online

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