21 de abril de 2026

Avanza el caso del femicidio de Marisa Cuñha: declararon familiares y testigos

Mueblería HyG

El Juz­ga­do de Instruc­ción 3 de San Vicente ini­ció las audi­en­cias para esclare­cer el femi­cidio ocur­ri­do el 4 de sep­tiem­bre. Relatos con­fir­man años de ame­nazas y vio­len­cia por parte del acu­sa­do.

En San Vicente, la Jus­ti­cia avan­za en la causa por el femi­cidio de Marisa Cuñha, veci­na del bar­rio Ceferi­no y ori­un­da de El Sober­bio, que fue asesina­da de dos dis­paros por su ex pare­ja el pasa­do jueves 4 de sep­tiem­bre.

Ese mediodía, la comu­nidad quedó con­mo­ciona­da al escuchar los tiros prove­nientes de la vivien­da que Marisa todavía com­partía con Marce­lo Da Rosa, pese a que la pare­ja se encon­tra­ba sep­a­ra­da y en pro­ce­so de resolver cues­tiones pat­ri­mo­ni­ales. Fue su hijo may­or quien hal­ló el cuer­po de la mujer ten­di­do en el sue­lo.

El sospe­choso per­maneció prófu­go por 24 horas y fue detenido el viernes 5 en un com­er­cio de San Vicente. Des­de entonces per­manece imputa­do por femi­cidio agrava­do por el uso de arma de fuego, mien­tras el Juz­ga­do de Instruc­ción 3 lle­va ade­lante la ron­da de declara­ciones para esclare­cer el hecho.


Testimonios que revelan un historial de violencia

Este jueves por la mañana declaró Rafaela Cuñha, her­mana de la víc­ti­ma y actu­al cuidado­ra del hijo menor de Marisa. En su tes­ti­mo­nio, recordó que a Da Rosa se le había impuesto una perime­tral años atrás, tras una denun­cia por vio­len­cia y ame­nazas.

En jor­nadas pre­vias ya habían presta­do declaración los dos hijos may­ores de la víc­ti­ma y famil­iares del imputa­do. Todos apor­taron detalles sobre la relación, mar­ca­da por intim­i­da­ciones casi diarias y vio­len­cia psi­cológ­i­ca, con­fir­maron fuentes judi­ciales.


“Todos los días me dice que me va a matar”

El femi­cidio de Marisa —el sex­to reg­istra­do en Misiones en lo que va de 2025— expu­so un largo his­to­r­i­al de vio­len­cia de género que, según sus alle­ga­dos, se extendía des­de hace más de 15 años.

Por temor, por fal­ta de recur­sos económi­cos y ante la ausen­cia de medi­das de pro­tec­ción efec­ti­vas, Marisa había deja­do de denun­ciar las agre­siones en los últi­mos meses. Sin embar­go, las ame­nazas con­tinu­a­ban.

En uno de los últi­mos men­sajes de voz que envió a su her­mana, Marisa expresa­ba: “Déjen­lo que se vaya, capaz es una tram­pa y lo matan (…) Si igual a mí todos los días me dice que me va a matar”.

Con infor­ma­ción de El Ter­ri­to­rio

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