21 de abril de 2026

Alertan sobre complicaciones tras uso de dipirona inyectable en niños y adolescentes

Mueblería HyG

Dos casos recientes de inter­nación por infec­ciones graves en Misiones, luego de la apli­cación de dipirona inyectable, encendieron las alar­mas en el ámbito de la salud públi­ca. Luciano, un bebé de un año, y Axel, un joven de 17 años, debieron ser hos­pi­tal­iza­dos tras desar­rol­lar infec­ciones pro­fun­das en los lugares donde reci­bieron las inyec­ciones. Lo ocur­ri­do derivó en denun­cias por pre­sun­ta mala prax­is, actual­mente bajo inves­ti­gación judi­cial.

El pedi­atra infec­tól­o­go Oscar López, del Hos­pi­tal de Pedi­atría Fer­nan­do Bar­rey­ro, explicó que las inyec­ciones intra­mus­cu­lares, como las de dipirona, no están exen­tas de ries­gos. “Cuan­do se inyec­ta un medica­men­to se atraviesa la piel, que nat­u­ral­mente tiene microor­gan­is­mos. Si no se real­iza una cor­rec­ta limpieza, esos gérmenes pueden pasar a los teji­dos blan­d­os y provo­car infec­ciones sev­eras”, explicó.

La dipirona, común­mente uti­liza­da para bajar la fiebre o aliviar dolores inten­sos, requiere de una dosi­fi­cación pre­cisa, espe­cial­mente en pacientes pediátri­cos. “Se cal­cu­la la can­ti­dad exac­ta según el peso. Una dosis errónea puede gener­ar efec­tos adver­sos, tan­to locales como sistémi­cos”, señaló López.

Además, el médi­co se refir­ió a las aler­gias a este fár­ma­co: “Si bien pueden ocur­rir, son poco fre­cuentes y muchas veces se con­fun­den con erup­ciones propias de cuadros virales que cur­san con fiebre”. En estos casos, sugir­ió realizar prue­bas con espe­cial­is­tas para deter­mi­nar con pre­cisión si se tra­ta de una reac­ción alér­gi­ca real.

Respec­to a la vía de admin­is­tración, el espe­cial­ista recomendó evi­tar las inyec­ciones siem­pre que sea posi­ble. “La dipirona intra­mus­cu­lar empieza a hac­er efec­to a los 20 o 30 min­u­tos, mien­tras que por vía oral lo hace en 40 o 45 min­u­tos. Por lo tan­to, si el niño puede tra­gar el medica­men­to, es preferi­ble optar por esa alter­na­ti­va, que es menos inva­si­va y más segu­ra”, sub­rayó.

López tam­bién remar­có que las inyec­ciones deberían reser­varse para situa­ciones especí­fi­cas, como vómi­tos inten­sos o pér­di­da de con­cien­cia, donde la vía oral esté con­traindi­ca­da. En el resto de los casos, es más ade­cua­do com­bi­nar las medi­das físi­cas con la med­icación oral.

Con infor­ma­ción de El Ter­ri­to­rio

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